sábado, 31 de enero de 2026

Egipto: La contribución vital de la comunidad cristiana a la sociedad


 La realidad de las iglesias en el país africano, descrita por los misioneros combonianos y franciscanos que trabajan con niños huérfanos, abandonados o ciegos. La minoría católica tiene un impacto significativo, especialmente en la educación: 168 escuelas funcionan en la zona, en su mayoría administradas por congregaciones religiosas.

Enrico Casale – Ciudad del Vaticano

Los niños corren por el patio. Juegan y se divierten. Luego, todos van al aula a estudiar. Año tras año, construyen un futuro que, al principio, era incierto. Son jóvenes huérfanos, sin padres y abandonados por sus familias. En el camino, se encontraron con los Padres Franciscanos que los acogieron, recogiéndolos de la calle. Ellos los guiarán hasta que alcancen su plena independencia. El mismo apoyo se ofrece a los jóvenes ciegos. Esta es solo una de las muchas obras que la Iglesia Católica lleva años realizando en Egipto. Una iniciativa social apreciada por los egipcios, que ven en ella un espíritu de caridad poco extendido.

La minoría católica vital

Sin embargo, la Iglesia católica en Egipto representa una realidad diminuta, una minoría dentro de una minoría. En un país de más de cien millones de habitantes, los cristianos representan aproximadamente el 10% de la población, y los católicos no superan los 200.000. A pesar de este pequeño tamaño, la presencia católica se distingue por su vitalidad, su fuerte arraigo local y su capacidad de impacto social, educativo y cultural; su papel en la sociedad es reconocido.

«Es una Iglesia pequeña, pero muy rica cultural y espiritualmente», explica el padre Diego Dalle Carbonare, sacerdote comboniano, destacando la profunda integración del clero en el tejido social, especialmente en pueblos y barrios populares, donde los sacerdotes viven en estrecho contacto con la población.

Compromiso con la educación

La contribución más visible de la Iglesia Católica es la educación. Existen 168 escuelas católicas en todo Egipto, en su mayoría administradas por congregaciones religiosas. Estas instituciones son reconocidas por la calidad de su enseñanza, su organización y su enfoque en el desarrollo integral. «Lo más significativo», observa el padre Filippo Farag, fraile franciscano, «es que la gran mayoría de los estudiantes son musulmanes: un hecho que convierte a las escuelas católicas en uno de los principales puntos de encuentro de las diferentes comunidades religiosas del país»

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