miércoles, 20 de junio de 2018

MONICIONES PARA LA SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA.  DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO.

MONICIÓN DE ENTRADA.
Celebramos hoy la fiesta del nacimiento del que  anunció la venida inminente del Salvador y luego lo señalo entre la gente. Que esta celebración nos ayude a entender  que nosotros  estamos llamados ha hacer lo mismo: anunciar, señalar y ayudar a los nuestros a encontrar a Jesús que nos trae la salvación.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
 (Is. 49,1-6 )
En boca del profeta Isaías encontramos cual es la misión de Juan quien, a pesar de las dificultades, cumple con la misión que le ha sido encomendada de anuncia.

SALMO RESPONSORIAL ( Sal.138)
 "Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente"

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
(Act. 13,22-26)
Pablo nos recuerda que Juan predico a todo Israel la conversión y como supo dejar paso a Jesús no intentando arrogarse ningún derecho ni autoridad.

MONICIÓN AL EVANGELIO( Luc.1,57-66.80)
Lucas nos relata el nacimiento de Juan y las expectativas que este acontecimiento despertó entre los suyos ante la evidencia  de que la mano de Dios estaba con el.

ORACIÓN DE LOS FIELES.
 1.-Oremos por el Papa Francisco y por toda la iglesia, para que asuma con confianza y dignidad la misión que le ha sido encomendada. R.

2.- Oremos por nuestra parroquia, para que  celebrando el nacimiento de Juan  lleguemos a imitarle en el anuncio  y presentación de Jesús a nuestros hermanos. R.

3.- Oremos también por todos los  que celebramos la efemérides de la fundación de nuestra ciudad, para que  nos esforcemos por una convivencia amable en donde los mas necesitados no sean excluidos ni ignorados. R.

4.- Oremos  por los dirigentes de nuestra ciudad, para que se esfuercen en servir a los ciudadanos posibilitando una vida llevadera y donde todos  sientan reconocidos sus derechos y aspiraciones. R. 

sábado, 16 de junio de 2018

LA PALABRA DEL DOMINGO

DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO.
CICLO B.
Marc. 4,26-34

LO PEQUEÑO Y LO IMPORTANTE


Hoy Jesús nos habla del Reino de Dios con dos parábolas tomadas de la agricultura y que el sabe la gente va a entender muy bien; habla del trabajo de la siembra de la semilla  que  el labrador pone en el surco después de haber preparado la tierra con ilusión y a veces, con fatiga y  con la esperanza de que germine y de fruto abundante. Nos habla del Reino de Dios, no  lo debemos olvidar. Así sucede, también, nos dice, con nuestra  misión de anunciar la Buena Noticia, lo nuestro es sembrar  después de haber preparado la tierra y esperar a que el gran milagro de la germinación  se produzca. Normalmente, el labrador ha de esperar  unos quince días , a veces mas,para ver como  asoman  en la tierra los primeros brotes de lo que ha sembrado...  Trabajo bien hecho y paciencia son características, junto con el cuidado que cada siembra requiere y, luego, acompañar en el crecimiento.

Nuestra palabra de anuncio puede ser torpe, diminuta, pero poseyendo la fuerza interior de la vida. Eso es lo que nos debe  sostener y no olvidar porque es que  no es nuestra palabra, es la palabra del Señor la que anunciamos. Es la semilla que el Señor pone en nuestras manos para que la depositemos en el surco, la dejemos caer en el corazón de los nuestros.
Es muy común el desencanto entre nosotros en lo que a este tema respecta, porque queremos ver resultados inmediatos y al no ser como nosotros queremos nos  tienta  el dejarlo todo, la impaciencia, porque pensamos que no merece la pena el esfuerzo y la dedicación y sufrimos la sensación  de que a la gente le resbala  lo que  decimos o aquello a lo que le invitamos.
Necesitamos una buena dosis de humildad, porque primero: no somos dueños del terreno y tampoco de la semilla; segundo : porque la semilla necesita su tiempo y tercero:  porque el mismo Señor que nos envió, nunca  nos ha dicho que todo va a ser un éxito total. Es bueno el fracaso si nos obliga a repensar lo que estamos haciendo, por quien lo estamos haciendo y cual es la naturaleza de lo que sembramos.
 Se libra una batalla entre la fuerza germinal que posee la semilla y la dureza de la tierra que dificulta que  brote y si es así,  el agua del amor y la misericordia  ablandará esa tierra y la vida se hará presente y la semilla crecerá y dará fruto.
 Una cosa si que es cierta, habrá fruto, lo veremos o no, pero lo habrá.
Por tanto, hemos de desterrar el desencanto, que nos tienta desde nuestra vanidad dolida y huir del  protagonismo o  la vanagloria porque lo nuestro  es ser sembradores. Lo demás es cuestión entre Dios y el hombre.
¡¡feliz día del señor!!  
  




NOTICIAS DE NUESTRA PARROQUIA


Como ya dijimos la semana pasada este domingo tendremos bautizos a las 10,30 de la mañana.

El día 20 a las ocho de la tarde en los salones de Santa Isabel de Hungría tendremos el encuentro  para reflexionar sobre el  Proyecto Diocesano de Pastoral ( PDP) Compartir lo que hemos hecho y pensar que camino debemos seguir en el próximo curso.

El Día 21 a las 10 de la mañana encuentro de sacerdotes en Santa Isabel de Hungría.

El domingo 24 es día de San Juan Bautista. Fecha en la que también se conmemora la fundación de nuestra ciudad de Las Palmas. Ese día, y como fin de curso, después de la misa de 12, tendremos un encuentro fraterno con todos los agentes de pastoral  para  compartir el fin de curso y será en los salones de nuestra parroquia.

Los miercoles a las seis de la tarde está en nuestra parroquia la responsable de catequesis para  hacer o renovar la inscripciones de catequesis para el curso que viene.

Los catequista se reunirán en esta semana para  la revisión del curso que ha concluido y preparar el próximo.



PARA EL VERANO







ISTIC. Curso de verano 2018: El humanismo solidario – mes de julio

ISTIC - CURSO DE VERANO 2018 - El humanismo solidario, modelo de desarrollo universal. Los días 5, 6 y 7 de julio en el aula magna del ISTIC en Tafira ...



Inmigrantes: Cruceros para pobres…




En el año 1994 llegó la primera “patera” a las Islas Canarias procedente de África.
En las Islas Canarias estamos viviendo una situación más que lamentable. Ya saben ustedes que nuestras costas están a cien escasos kilómetros de África y cada día la avalancha de pequeñas embarcaciones (las llaman “pateras”), -cuando no naufragan muriendo todos sus ocupantes- llegan a nuestras playas escupiendo el mar a cientos y cientos de personas. Les invito a que conozcan cómo es un viaje de estas personas africanas que vienen buscando una mejor calidad de vida para ellos y para sus familias. Conoce cómo es un crucero para pobres…
La mayoría llegan de los países del centro de África. En su aldea les han hablado de Europa y de sus inmensas posibilidades, ya saben ustedes que estamos en pleno “Sueño Europeo”. Para poder viajar piden un préstamo al rico del lugar. Tienen que tener dinero suficiente para llegar hasta las costas vecinas a Canarias y allí pagar a las mafias que les transportan hasta nuestras playas. Hacen miles de kilómetros a través de selvas, desiertos y pequeños poblados, siempre cuidando que no les roben ni las fieras ni los hombres… Es verdad que hay otros con mucha más suerte. En su propia aldea han recibido la visita de las mafias de turno que en un único paquete les ofrecen el viaje hasta la costa, el viaje en patera, ropa decente para que al llegar a Canarias no llamen mucho la atención… Todos son facilidades pero la garantía es la misma: una vez que estés trabajando en Europa tienes que devolver el dinero con intereses. Tienes dos oportunidades para entrar ilegal en Canarias. Si te atrapa la policía por primera vez cuando te devuelvan al origen, lo intentaremos nuevamente sin costo. ¡Muy mal nos tiene que ir para que te atrapen dos veces!
¿Qué ocurre si no pago, si me pasa algo, si me muero en la travesía? ¡Nada hombre! Tu familia lo tiene que devolver, ellos son la garantía. Ellos pagarán si no es con trabajo lo harán con su esclavitud, con su cuerpo o con su vida. Perdonen, esto es otro tema; hoy sólo quería hablarles del crucero de los pobres.
Llegan a las costas africanas vecinas a las Islas Canarias. Han sido meses de viajes, de penas, de miedos. Para que ustedes se hagan una idea este viaje es lo más parecido a una peregrinación al santuario del consumo y del supuesto bienestar. Si han contratado un paquete completo les llevarán a unas miserables casas o chabolas donde se amontonan escondidos hasta esperar el viaje deseado. Pueden estar semanas, incluso meses a la espera. Ven llegar a sus paisanos residentes en Europa a las bien merecidas vacaciones en su tierra. Ven sus coches, sus equipajes, sus gafas y relojes “Ya me queda menos para estar yo igual”, dicen para sus adentros.
Ya les han avisado que salen mañana. Lo último que hacen en tierra africana es bañarse bien, lo mejor posible, no tienen que dar olor a pobres, se tienen que restregar bien la miseria para que quede ahí, en la dolorida África.
Muchos de ellos no hablan la misma lengua, sólo utilizan el lenguaje de los signos, la simbología de la mirada, el sedante de la sonrisa. Se bañan con unas latas de aceite o de petróleo reconvertidas en humanos cuencos. El jabón es de las tiendas de “Todo a un euro” de los comercios canarios.
Ya están vestidos con sus mejores galas. Algunos de ellos es la primera vez que se ponen zapatos, o corbata. Ya dejan atrás sus miserientas telas. Ya dejaron el polvo de sus caminos y lugares, ahora les toca dejar sus ropas y enseres. No tienen que aparentar quienes son sino cómo les gustaría ser, y todo esto ya desde las costas de África.
Es de noche. Todo el grupo está en la playa. La barca (“la patera”) llega con su olor, inmenso olor desagradable de combustible. El peor olor que ustedes se puedan imaginar. Les dan instrucciones precisas. Se tienen que colocar al estilo “lata de sardina”, unos sobre otros y bien pegados, así se mezclan los olores de los perfumes y del combustible y de la esperanza. No se pueden levantar durante la travesía; total son sólo diez o doce o catorce horas de viaje o toda la vida. Tienen que estar sentados en cuclillas, una postura muy cercana a la fetal, porque para eso van a nacer a una nueva vida en ese duro parto del mar y de la ilusión.
Ya las mafias se han encargado de pagar a los vigilantes de la playa para que no estén en el lugar preciso. Está completo el cargamento, no cabe nadie más, ni tan siquiera ese hueco que lo han rellenado con un niño pequeño. Hay un silencio de muerto en el comienzo de la travesía.
La patera ha comenzado su viaje. El ruido de los dos motores. El olor del combustible, la mezcla de colonias, la peste del sudor, al aliento del otro en tu cara, en tu nuca, en tu oreja izquierda y derecha. El susurro de los recuerdos, la luna que se esconde y el agua rota por la madera y por la ilusión de una vida mejor.
Ya llevamos cuatro horas de viaje. La humedad de la noche. El agua que salta por todos lados. Empapados de todos los líquidos, las interminables cuclillas donde los músculos se rebelan contra su dueño y duelen, ¡vaya si duele estar horas y horas en cuclillas! ¡Haz la prueba! La patera sigue.
En la noche la piel negra se confunde con el paisaje. La noche es cómplice de su piel, su mejor aliado; pero todos los demás elementos les atacan sin piedad: el viento, el frío, la fiebre, el hambre, las ganas de hacer sus necesidades fisiológicas, todo se pone contra ti. Ves lágrimas, son ya seis horas de tortura. Ya no sientes el cuerpo; como estamos en la noche se ha dormido, sólo el cuerpo porque él sigue dolororamente despierto. No siento ni las piernas ni los brazos. Me duele todo. Me duele la vida. Y lo más terrible es que no me puedo mover; estoy compartiendo mi vida con gente que no conozco. Rostros perdidos en el anonimato del mundo. Muchos han vomitado absolutamente todo lo vomitable. Otros reposan sobre excrementos, pero nadie se puede mover de su sitio no sea que desestabilicen la embarcación. Ya tienen casi aprendido que para que las cosas te vayan mejor tienes que ir ahora a peor.
Algunas pateras se pierden y nunca llegan a puerto. Algún pasajero se vuelve loco de dolor o el dolor se vuelve loco (da igual), de rabia y de pena y enloquece, y se pone de pie y la embarcación se hunde. No saben nadar, son de tierra adentro. El presupuesto no da para salvavidas. Salvar la vida ahora es lo de menos; donde hay que llegar es a puerto. Mueren la mayoría. Ven pasar cerca un barco de pasaje, o un yate o cualquier otra nave y piden auxilio desesperadamente. Me da la impresión que miran para otro lado y mueren todos. Ya saben ustedes que para muchos la vida se les ha hecho un sitio imposible para vivir.
Una patera llega casi a la orilla pero se destroza en las rocas y así también mueren unas cuantas vidas. Los otros saltan como pueden. Entumecidos, doloridos, sólo la ilusión les da las últimas fuerzas para lanzarse a tierra; pero antes ven morir a muchos compañeros. Gritos de dolor y desesperación. Gente desgarrada porque quieren vivir y la muerte les roba la única vida que tienen.
Alguien llama a la policía. Llegan para ayudar y hacen lo que pueden. Recogen cadáveres, auxilian a los que la muerte intenta llevarse; a muchos de esos policías cuando recogen un nuevo cadáver de una mujer, o de un niño, o de un hombre, se les llena de agua los ojos pensando en los suyos. Las lágrimas vuelven al mar que en el fondo es sólo un gran depósito de lágrimas de la gente que sufre.
Tiritan, apenas tienen fuerzas para quejarse aunque todo les duele y les duele más que mucho. Ahora los llevan al hospital a revisión y cuando estén mejor -después de esta experiencia nunca más se quedan “bien”- van a un centro de internamiento a esperar la repatriación para empezar de nuevo.
De camino al hospital escuchan en pleno puerto una fuerte discusión entre dos turistas y un tripulante de un barco de pasajeros. Se quejan porque los langostinos que pusieron en la cena estaban fríos. Ya saben ustedes que un turista es alguien igual que nuestros amigos, pero con alguna diferencia. En la mayoría de los países si vas sin dinero eres un inmigrante; si vas con dinero eres un turista, de ahí que hoy les haya yo contado esta historia del crucero de los pobres porque los cruceros de los ricos ya los vemos en los periódicos… y es al que todos desean ir.
Mario Santana Bueno

El cónsul de México en España que salvó a 580 personas de ambos bandos durante la guerra

«Villa Maya», una casita en Málaga, aunque muchos de los que por allí pasan desconocen la conmovedora historia que se vivió tras los muros de esta sencilla residencia que fue hogar del cónsul de México Porfirio Smerdou. En el horror que se desató en la ciudad el 18 de julio de 1936, sus apenas 100 metros cuadrados prestaron refugio a multitud de perseguidos que, gracias a la humanidad de Smerdou y su familia, pudieron salvar su vida.
Hoy pocos recuerdan que con apenas 32 años,  que este hombre nacido en Trieste, ahijado del presidente de México Porfirio Díaz y educado en Bélgica, lo arriesgó todo para ocultar y salvar a 580 personas de ambos bandos durante la Guerra Civil.
Quica Pérez del Pulgar, la vecina del número 17, sí conoce bien su figura porque su propio padre llamó, como tantos otros, a la puerta de Smerdou pidiendo auxilio. Al alzamiento militar, sofocado en Málaga en sus primeros compases, le siguió una ola de violencia incontrolada contra todo aquel con ideas conservadoras. Familias enteras tuvieron que abandonar sus domicilios presas del pánico para esconderse en casas de familiares o amigos o escapar colina arriba. En aquellos días, un grupo de milicianos fue en busca del tío de Pérez del Pulgar a una casa situada algo más abajo que Villa Maya, también en el Limonar.
«Allí mismo mataron a mi tío y a mi abuelo. Mi padre logró escapar por la puerta de atrás y llamó a la puerta de Villa Maya, pero Smerdou tuvo que decirle que no porque no le cabía nadie más», relata Quica. Lejos de guardar rencor alguno, esta malagueña confiesa su admiración por el diplomático mexicano. «No me explico cómo pudo caber allí tanta gente. Hasta 70 personas llegaron a dormir en una casa que apenas tiene dos dormitorios, comedor, cuarto de estar, pasillo, cocina y un baño», reflexiona al recordar el interior de la vivienda que visitó hace años.
«Mi padre no pudo decir que no»
«El 18 de julio ya empezó a venir gente y mi padre no pudo decir que no», explica con sencillez Luis María Smerdou, uno de los cuatro hijos del cónsul. Apenas tenía seis años cuando estalló la guerra, pero aquel día se le quedó grabado en la memoria. Era sábado y se encontraba junto a su madre, sus hermanos y una tía suya que había ido a verles con sus hijos. Pasaban la tarde en un olivar a unos 20 metros de Villa Maya, cuando uno de sus primos comenzó a llorar por una apendicitis y tuvieron que ir corriendo al hospital. «Vi que había tropas por todos lados que pasaban y alguien me dijo: “es que hay una guerra”». Horas después, «comenzó a entrar gente en mi casa», prosigue Luis. De aquellos días de locos recuerda el ajetreo, la comida escasa y que «dormía con otros dos hermanos en una misma cama».
El primero en llamar a la puerta de Villa Maya fue el comerciante Ramón Varea. Le habían quemado su casa y dejado sin negocio. Conmovidos ante su difícil situación, Smerdou y su esposa Concha Altolaguirre Bolín, hermana del poeta Manuel Altolaguirre, le ofrecieron a él y a su familia que se quedaran en su casa. Después llegaron las familias del médico Agustín Santos Ayuso, la del prestigioso cirujano Patricio Gutiérrez del Álamo (abuelo de la exministra Rosa Conde), los Herrero Bolín, un grupo de nueve religiosos, Fernando Casal, Tomás Heredia, Antonio Parody, Fernando García, Matías Huelin, Leopoldo Werner, Ana Gonzálvez… La «lista» de «El Schindler de la Guerra Civil», como recoge el periodista Diego Carcedo en su libro (Ediciones B, 2003), es extensa.
El respaldo de México a la República había convertido a Smerdou en una persona respetada entre la izquierda, lo que facilitó su labor humanitaria. Además contó con el tácito consentimiento de destacadas autoridades de Málaga, contrarias a las continuas sacas y persecuciones de los más radicales. Incluso obtuvo las simpatías de los más exaltados que se habían adueñado de las calles. Le agradecían haber logrado el intercambio en Gibraltar de trece compañeras de milicianos anarquistas por trece familiares de Faustino Arévalo, el director del Banco Hispano Americano de Sevilla, así como del funcionario republicano Joaquín García Serón por Leopoldo Werner y su esposa. Gracias a su prestigio y sus contactos, Smerdou logró ir sacando de Málaga a muchos de los que ocultaba en Villa Maya, en el piso del cónsul argentino -cuando éste se marchó a Gibraltar y le pidió que atendiera sus asuntos-, o en la casa de un comerciante al que proporcionó una bandera mexicana por sus años en el país latinoamericano.
El himno de Villa Maya
En Villa Maya, de donde los refugiados no podían salir si no querían acabar asesinados junto al muro del cementerio, a la escasez de espacio y a los inconvenientes de contar con un solo baño para todos pronto se unió la falta de comida. Smerdou se encontró de un día para otro ante la dificultad por dar de comer a decenas de personas. Por suerte, un pariente acogido por el diplomático ofreció su ayuda. «Mi tío Fernando le dijo a mi padre que fuera a su casa, porque allí tenía 25.000 pesetas escondidas en una caja de caudales. Era muy arriesgado ir, pero mi padre no se lo pensó. Cuando llegó se encontró con que habían entrado en la casa. En el suelo había cristales de un espejo que habían roto y en la cocina, miel de unos tarros que habían tirado y que se le pegaba a la suela de los zapatos. Con miedo de que le sorprendieran allí, llegó al sitio donde estaba escondido el dinero y afortunadamente no le pasó nada”, relata Luis. Con esas 25.000 pesetas y lo que aportaron otros, los refugiados que fueron pasando por Villa Maya lograron sobrevivir hasta la entrada de las tropas de Queipo de Llano en Málaga en febrero de 1937.
Pese a la tensión de aquellos días y el miedo a que Villa Maya se convirtiera en una ratonera, Luis señala que los refugiados lograron organizarse internamente en la casa y las discusiones nunca llegaron a mayores. «Hasta inventaron un himno y todo», añade el hijo de Smerdou antes de arrancarse a cantar. «Somos los refugiados, de Villa Maya, los perseguidos por la canalla, que si se enteran no nos salva el pellejo ni la bandera. Estamos casi al borde del paroxismo. Cada día que pasa, pasa lo mismo. Y así esperando, nos pasamos la vida casi temblando. Pero daremos un grito honrado: ¡Viva nuestro Porfirio y el consulado!». Casi lloro, dice con lágrimas en los ojos el hijo del diplomático recordando la valentía que mostró su padre. «Él mismo decía que no sabía cómo tuvo esa especie de sangre fría».
Preocupado por el peligro que corrían allí sus hijos y su mujer embarazada (que con un feto extrauterino sufría fuertes dolores) y necesitado de espacio para albergar a tantos como solicitaban su ayuda, Smerdou buscó un pasaje para embarcar a su familia rumbo a Orán. Solo la pequeña Maya, de apenas dos años, se quedó en Málaga con la niñera. «Era una mujer que se había encargado de la niña desde pequeña y cuando le dijeron que se la llevaban, se negó y les amenazó con revelar a los milicianos que en la casa vivían 50 fascistas si no se quedaba con ella», aclara su hermano Luis.
En Casablanca, de camino a Tánger, Concha recibió con inmensa tristeza la noticia de la muerte de su hermano Luis Altolaguirre. Lo habían detenido por conducir un tranvía en una huelga, y en una de tantas sacas, lo habían sacado de prisión y lo habían matado en los muros del cementerio. Pese a sus esfuerzos, Smerdou no pudo salvarlo como a tantos otros. Tampoco logró evitar la muerte de Eduardo Bayo, un joven falangista que decidió abandonar Villa Maya y huyó por la colina para acabar horas después con cuatro tiros en el cuerpo.

EL PAPA FRANCISCO HA DICHO




El Papa en Santa Marta 14-6-18: «El insulto mata el futuro, pasemos de la envidia a la amistad indica Jesús»


* «Cuando una persona hace algo que no gusta, yo la insulto y la hago pasar como “discapacitada”: discapacitada mental, discapacitada social, discapacitada familiar, sin capacidad de integración… Y por esto mata: mata el futuro de una persona, mata el recorrido de una persona. Es la envidia que abre la puerta, porque cuando una persona tiene algo que me amenaza, la envidia me lleva a insultarla. Casi siempre hay envidia allí. Por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo. Es la envidia que lleva a la muerte»

El Papa en la Audiencia 13-6-18: «La vida verdadera la da sólo Jesús, buscar original y no la copia»


 * «Quisiera decir, sobre todo a los jóvenes: nuestro peor enemigo no son los problemas concretos, por muy  graves y dramáticos que sean: El mayor peligro en la vida es un mal espíritu de adaptación que no es la mansedumbre ni la humildad, sino la mediocridad, la pusilanimidad. Un joven mediocre ¿es un joven con futuro o no? ¡No! Se queda ahí; no crece, no tendrá éxito. La mediocridad o la pusilanimidad. Esos jóvenes que tienen miedo de todo… Jesús no ofrece sustitutos, ¡sino vida verdadera, amor verdadero, riqueza verdadera! ¿Cómo pueden los jóvenes seguirnos en la fe si no nos ven elegir el original, si nos ven adictos a las medias tintas? Es feo encontrar cristianos de medias tintas, cristianos –me permito la palabra- “enanos”; crecen hasta una determinada estatura y luego no; cristianos con el corazón encogido, cerrado. Es feo encontrarse con esto. Hace falta el ejemplo de alguien que me invita a un “más allá”, a ” algo más“, a crecer algo más»


El Papa en Mensaje para la II Jornada Mundial de los Pobres: «No es protagonismo lo que necesitan los pobres, sino el amor que olvida el bien realizado»


* «¡Cuántas sendas conducen también hoy a formas de precariedad! La falta de medios básicos de subsistencia, la marginación cuando ya no se goza de la plena capacidad laboral, las diversas formas de esclavitud social, a pesar de los progresos realizados por la humanidad… Como Bartimeo, ¡cuántos pobres están hoy al borde del camino en busca de un sentido para su condición! ¡Cuántos se cuestionan sobre el porqué tuvieron que tocar el fondo de este abismo y sobre el modo de salir de él! Esperan que alguien se les acerque y les diga: «Ánimo. Levántate, que te llama» (v. 49). Lastimosamente a menudo se constata que, por el contrario, las voces que se escuchan son las del reproche y las que invitan a callar y a sufrir. Son voces destempladas, con frecuencia determinadas por una fobia hacia los pobres, considerados no sólo como personas indigentes, sino también como gente portadora de inseguridad, de inestabilidad, de desorden para las rutinas cotidianas y, por lo tanto, merecedores de rechazo y apartamiento. Se tiende a crear distancia entre ellos y el proprio yo, sin darse cuenta que así se produce el alejamiento del Señor Jesús, quien no los rechaza sino que los llama así y los consuela»