COMPARTIR LA LUZ DE NUESTRA LÁMPARA.
En este segundo domingo del tiempo ordinario los textos de la Eucaristía nos siguen manteniendo a orillas del Rio Jordán, donde Jesús no solo es reconocido por el Padre como el Hijo amado, sino que tambien es reconocido por Juan y en el por los profetas.
Vamos a fijarnos en la primera lectura que es del profeta Isaías ( Is. 49,3.5-6 ) como ya hemos escuchado, y si la semana pasada se proclamaba el primer Canto del Siervo de Yahvé, en esta ocasión es el segundo Canto y si en aquel se nos dice que va a ir de la mano del Señor y qué es lo que hará este siervo en favor de los suyos. En esta ocasión se nos dice que es enviado para recoger a Jacob, para que reunir a Israel, esto el siervo lo vive como un privilegio. Además, se le dice que el Señor le sostiene y le forma y le indica lo que ha de hacer con su vida, pero le dice algo mas; le dice que le hace luz de las naciones, es decir que los pueblos y los hombres que se guíen por su enseñanza y desde su vida, encontrarán la paz, el sosiego, el bienestar, la seguridad y así la salvación de Dios alcanzará hasta el confín de la tierra de la mano de este siervo que el Señor ha predestinado desde el vientre de su madre. Será Luz de las naciones y alumbrará a todos los pueblos para que la salvación de Dios alcance hasta el confín de la tierra.
La segunda lectura es de la primera carta a los de Corinto ( 1a Cor. 1,1-3 ) en donde Pablo reivindica la llamada que ha recibido para ser apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios. Está con Sostenes, compañero en la misión. Desde esa autoridad que le ha sido dada escribe a esta comunidad y es importante que nos fijemos en los nombres con que la menciona: Iglesia de Dios, a los consagrados por Jesucristo, al pueblo santo que el llamó y a todos los demás que invocan el nombre de Jesucristo Señor nuestro y de ellos. Este el saludo que encabeza esta carta y que concluye con una expresión que en la iglesia se ha hecho muy común: la paz de parte de Dios, nuestro Padre y del Señor Jesucristo sean con vosotros, les dice.
El texto del Evangelio es de San Juan ( Jn. 1,29-34) que nos sigue situando a orillas del Jordán. La semana pasada era ( Mt. 3,13-17 ) en donde tratábamos de entender lo que significaba el bautismo de Jesús a orillas de este Rio frontera. Hoy el evangelista Juan por medio del Bautista nos dice algo mas cuando llama a Jesús: “ El Cordero de Dios”. Llamar a Jesús Cordero tiene amplio significado y nos lleva a rememorar la gesta liberadora de Dios en favor del pueblo. Nos lleva hasta la Noche de la Pascua en Egipto. Por este Jesús -Cordero el pueblo será liberado.El cordero aparece en la historia de la salvación con frecuencia y casi siempre en relación con la ofrenda agradable a Dios. En ocasiones es el mismo Yahvé el que lo ofrece como en el caso de Abrahán, en el monte Moira. Tambien nos lo encontramos en la noche de la salida de Egipto, la Noche de la Pascua, en donde había que sacrificar el animal y con su sangre enjalbegar las jambas de las puertas, para que el ángel de la extinción pasara de largo y ellos salvar su vida. Había que compartir ese animal asado entre toda la familia, comerlo a toda prisa y acompañado con hierbas amargas. Cuando este cordero, Jesús, sea entregado, sacrificado en la cruz, habrá que descolgarlo a toda prisa porque es la fiesta de la preparación, de la Pascua. Así que cuando Juan el Evangelista pone en boca del Bautista esta expresión está llevándonos a todo esto y señalando a Jesús como el que trae la salvación y la libertad definitivas para el hombre. Nosotros en la Eucaristía tambien lo traemos al presente y lo hacemos mostrando el cuerpo de Cristo y decimos : Este es el Cordero de Dios, decimos y no solo por la memoria de lo que Juan dijo, sino porque reconocemos que en Jesús está nuestra salvación. Este es el siervo fiel y humilde que se entrega para que toda la humanidad encuentre la Luz de Dios, es decir, la salvación. Para que todos los pueblos caminen al resplandor de su aurora.
Nosotros como Isaías, Pablo, Sostenes, el Bautista y Juan el Evangelista hemos de anunciarlo, decirlo a los cuatro vientos de forma que esa luz que ya nos está alumbrando llegue a todo el que anda perdido en oscuridades y no sepa como hacer el camino de su vida, el camino de vuelta a la casa del Padre. Para que todo el que se acerque al rio de la misericordia de Dios la pueda hallar y sentir su perdón y su cercanía.¡¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR !!
José Rodríguez Díaz



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