“La situación actual es francamente difícil”, según comparte en su testimonio el padre Ariel Suárez Jáuregui, desde La Habana, describiendo la realidad de su pueblo y el trabajo de la Iglesia cubana como signo de esperanza y consuelo.
“Aumentan los precios de los alimentos. Escasean las medicinas, los servicios médicos se ven disminuidos y las operaciones quirúrgicas quedan destinadas únicamente a las personas cuya vida peligra. Aumentan las dificultades para acceder al agua potable, porque hay muchas personas que dependen de los camiones cisternas para acceder al agua y sin combustible, no logran llegar”, describe el padre Suárez.
Tal situación pone a la Iglesia pobre en medio de los pobres a ofrecer una pastoral de la caridad y consuelo: “es en el ámbito de la caridad donde quizá estamos renovándonos y creciendo continuamente, en la medida en que vemos necesidades crecientes y experimentamos la interpelación del Señor para asistirlo en los pobres”, afirma, recordando algunas de las obras frecuentes de asistencia -con gran dificultad- a los más vulnerables.
La Iglesia en Cuba agradece a la cercanía paternal del papa León XIV durante este tiempo, a quien esperaba encontrar en la visita ad limina que tuvieron que posponer: “Estamos muy agradecidos por el afecto que el Papa ha manifestado por este pueblo y esta Iglesia. La voz del Santo Padre ha amplificado para el mundo la voz, dolorida y esperanzada, del pueblo cubano”.

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