LA VIDA ES PARA VIVIR.
En este segundo domingo de Cuaresma desde los textos que se nos ofrecen se nos invita a ponernos en camino. Es lo que vemos sucede en la primera lectura ( Gén. 12,1-4 ). En la segunda lectura nos encontramos (Tim. 1,8b-10 ) con Timoteo a quien Pablo invita a tomar parte en los duros trabajos del Evangelio y en el texto del evangelio de Mateo ( Mt.17,1.9 ) Jesús está con los primeros que inició la aventura, caminan hacia Jerusalén despues de manifestárseles en el monte Tabor donde les cuenta lo que le sucederá en la ciudad Santa y todo ello ratificado con la presencia del Padre y con la anuencia de los profetas: Elías: el Honor Dios y Moisés: la liberación de Dios.Y les invita a llegar a Jerusalén. Hay que ponerse en camino, le dice y es que la fe es eso un estar en la marcha con la esperanza puesta en la llegada a la tierra prometida que en nuestro momento ya no solo es una tierra, un lugar, sino también y mas importante, un alguien, una persona que nos espera. Es una llegada al Padre, a la casa del Padre. A veces lo cantamos : “ Somos un pueblo que camina... podremos alcanzar lo que no acaba, esa ciudad de la que habla el libro del Apocalipsis y que continuamente nos esta reclamando. Esa es la casa del Padre y es el Padre quien en el fondo nos espera, es el mismo Dios, no es un lugar es el mismo Dios, no es una idea, una metáfora, es le mismo Dios que como el padre de la parábola del Hijo Pródigo nos sale al encuentro para recibirnos y ordenar fiesta, con un abrazo que estremece y desarma al hijo que vuelve, lo cual le permite reconocer en ese abrazo a aquel que no le va a dejar, ni abandonar y que con su gesto de acogida le deja sin palabras.
Así que esto es lo que se nos propone hoy:“Sal de tu tierra y de la casa de tu padre hacia la tierra que te mostraré.” En la primera lectura.
En la segunda nos encontramos : “ Toma parte en los duros trabajos del Evangelio según la fuerza que Dios te.”
Y en el evangelio: “Levantaos, no temáis.”
Todo ello junto con el salmo 32 en donde se nos invita a poner nuestra esperanza y confianza en el Padre cuando dice:“ Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti”.
Surge desde lo que hemos estado viendo una invitación y que no es otra mas que la de preguntarnos donde estamos nosotros ahora mismo con respecto a la fidelidad para con Dios y con respecto a nuestro camino. Nos podemos preguntar: ¿ Por que creo? ¿ En quién creo? ¿ Que supone y aporta a mi vida el creer ?
Son preguntas que hemos de responder cada uno de nosotros; personales. No podemos pretender que responda otro por mi. Preguntas que en el fondo, nos están enfrentando con la verdad y veracidad en nuestra vida y con las que podremos satisfacer los interrogantes que de forma inconsciente o no, nos hacemos muchas veces, desde que tenemos uso de razón: ¿ De donde vengo ? ¿A donde voy ? ¿ Qué sentido tiene vivir ? ¿ Que es la vida ? …
…Se trata de encontrar y seguir ese camino al que Dios nos invita confiando en su palabra, arriesgando, asumiendo responsabilidades y en donde el sufrimiento, el dolor y la misma muerte se harán presentes, pero que no van a poder, no han de poder con esa presencia suya y que el mal quiere anular pero que aún entre sombras será y estará. Eso es lo que hemos de anunciar y eso es lo que Jesús con su entrega nos está diciendo pues por encima de todo está el honor de Dios que es fiel y la salvación que proporciona a todo hombre y que manifiesta y ofrece a todo el que oyendo su palabra se pone encamino, la anuncia y también la solicita como medicina en términos de misericordia.
Este segundo domingo de cuaresma es el domingo de “ ponerse en camino”. El domingo para olvidarnos de nosotros, el domingo para coger, metafóricamente hablando bastón, cantimplora y sombrero, calzarnos con sandalias y dejándonos llevar por la palabra de Dios salir a los caminos de la vida anunciando misericordia y sabiendo que no todo el que nos oiga o vea, va a aceptar o acogernos. Va a querer acompañarnos. Pero eso no anula, no puede anular, ni la invitación de hacer el camino, ni el anuncio que hemos de llevar, ni la misericordia de Dios que nos consolará y asistirá desde la certeza de su presencia y fidelidad.¡¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR !!
José Rodríguez Díaz



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