sábado, 7 de febrero de 2026

Brasil: El amor y la paciencia de las Pequeñas Misioneras con los ancianos


 En una residencia en el sur de Brasil, las Pequeñas Misioneras de María Inmaculada testimonian el valor de la vida, el poder transformador de la acogida amorosa, la atención a las necesidades del prójimo, y comparten la misión con un sacerdote, también él residente.

Sor Ruth Santana

Entre las actividades de cuidado cotidiano de más de 100 ancianos, la comunidad religiosa de las Pequeñas Hermanas Misioneras de María Inmaculada, en Río do Oeste/SC, en el sur de Brasil, acompaña los cambios en la vida de aquellos que reciben amor. Además, ofrecen a aquellos que están todavía en las condiciones, la oportunidad de contribuir en el ambiente en el que viven, sintiéndose responsables. El actual capellán, que es el sacerdote más anciano de la diócesis, reconoce estar en un recorrido de conversión, aceptación y descubrimiento.

Pequeñas acciones que marcan la diferencia

Desde hace más de 30 años en la misión con los ancianos, sor Denise Cristina es enfermera y directora de la obra. A pesar de todas las tareas administrativas y los compromisos necesarios para mantener las actividades de la misión, la religiosa no deja de ir a encontrar a los huéspedes durante el día, ayudándoles en la alimentación y en los cuidados físicos. Según ella, desarrollar una mirada atenta es fundamental: “Las cosas pequeñas marcan la diferencia en la vida de los ancianos. Muchas veces, ya no pueden hablar, están sufriendo, quieren un vaso de agua y no pueden pedirlo”.

Las actividades básicas como hablar, escuchar, ver o caminar a veces ya se ven comprometidas y los huéspedes dependen de quien está con ellos. Se trata, según ella, de ocasiones para vivir en el Evangelio en la práctica.

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