DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO C.
Luc. 12,32-48.
ALGO QUE NO PODEMOS OLVIDAR
Hoy vemos que Jesús habla a los discípulos y les anima a que sepan estar alerta ante las dificultades internas o externas, a no dejarse llevar por supuestos tiempos de bonanza, a "tener ceñida la cintura y encendida la lámpara" y a renglón seguido les propone una parábola con la que, en el fondo, les está diciendo lo mismo.
La venida del Hijo del Hombre es la urgencia de esta recomendación. Los primeros cristianos, viendo que esto no era tan inminente, parece que se olvidaron un poco de ello y no lo tenían tan presente. ¿ Nos pasa lo mismo?
El texto es claro: el Señor vendrá como amo, cuando menos se espere y no para sorprender a los criados, sino que llega a casa cuando le parece...
El tema que propone Jesús a los suyos es estar siempre al tanto, sin dar de lado el servicio y la oración, la fidelidad y la fe, para que cuando llegue el amo, servirle y acogerle, porque llega a su casa.
La cuestión es que muchas veces nos hemos creemos dueños y señores de la casa del amo, de la Iglesia, propietarios, y no es así. La Iglesia es del Señor y lo nuestro es hacer en todo momento lo que El nos encomendó y encomienda. Vendrá , no sabemos si pronto o tarde, pero vendrá.
Se trata de fidelidad al Señor sirviendo: La cintura ceñida, para estar dispuestos a la hora de realizar lo que nos pide y la luz encendida, para poder ver: Trabajo y oración, servicio y fe .
Nosotros sabemos bien de sobra lo que el Señor quiere y espera de nosotros, lo sabemos, aunque muchas veces somos remisos a la hora de realizarlo porque con frecuencia se cuelan en nuestra vida situaciones de egoísmo, afán de poder, de lucro o de prestigio, todo esto dificulta que la Buena Noticia sea vivida y anunciada con alegría y gratuidad, por tanto, la actitud de servicio y la fe quedan menguadas y relegadas a un segundo plano, si es que queda algo..
Somos así y el Señor lo sabe, por eso nos advierte. Ese sabernos como somos, no puede quedar como excusa para no hacer aquello para lo que se nos ha llamado: ceñida la cintura.
Así que, manos a la obra. Ceñidos e iluminados por la palabra de Cristo que nos acompaña y la iglesia, nosotros, empezaremos a ser, a sentirnos un poco mejores...
Ante los ojos del mundo será mas creíble el anuncio que hacemos.
!!Feliz día del Señor¡¡
Luc. 12,32-48.
ALGO QUE NO PODEMOS OLVIDAR
Hoy vemos que Jesús habla a los discípulos y les anima a que sepan estar alerta ante las dificultades internas o externas, a no dejarse llevar por supuestos tiempos de bonanza, a "tener ceñida la cintura y encendida la lámpara" y a renglón seguido les propone una parábola con la que, en el fondo, les está diciendo lo mismo.
La venida del Hijo del Hombre es la urgencia de esta recomendación. Los primeros cristianos, viendo que esto no era tan inminente, parece que se olvidaron un poco de ello y no lo tenían tan presente. ¿ Nos pasa lo mismo?
El texto es claro: el Señor vendrá como amo, cuando menos se espere y no para sorprender a los criados, sino que llega a casa cuando le parece...
El tema que propone Jesús a los suyos es estar siempre al tanto, sin dar de lado el servicio y la oración, la fidelidad y la fe, para que cuando llegue el amo, servirle y acogerle, porque llega a su casa.
La cuestión es que muchas veces nos hemos creemos dueños y señores de la casa del amo, de la Iglesia, propietarios, y no es así. La Iglesia es del Señor y lo nuestro es hacer en todo momento lo que El nos encomendó y encomienda. Vendrá , no sabemos si pronto o tarde, pero vendrá.
Se trata de fidelidad al Señor sirviendo: La cintura ceñida, para estar dispuestos a la hora de realizar lo que nos pide y la luz encendida, para poder ver: Trabajo y oración, servicio y fe .
Nosotros sabemos bien de sobra lo que el Señor quiere y espera de nosotros, lo sabemos, aunque muchas veces somos remisos a la hora de realizarlo porque con frecuencia se cuelan en nuestra vida situaciones de egoísmo, afán de poder, de lucro o de prestigio, todo esto dificulta que la Buena Noticia sea vivida y anunciada con alegría y gratuidad, por tanto, la actitud de servicio y la fe quedan menguadas y relegadas a un segundo plano, si es que queda algo..
Somos así y el Señor lo sabe, por eso nos advierte. Ese sabernos como somos, no puede quedar como excusa para no hacer aquello para lo que se nos ha llamado: ceñida la cintura.
Así que, manos a la obra. Ceñidos e iluminados por la palabra de Cristo que nos acompaña y la iglesia, nosotros, empezaremos a ser, a sentirnos un poco mejores...
Ante los ojos del mundo será mas creíble el anuncio que hacemos.
!!Feliz día del Señor¡¡
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