sábado, 8 de junio de 2024

Papa Francisco pide en junio 2024 que «oremos por los que huyen de su país»


 * «Al drama que viven las personas forzadas a abandonar su tierra huyendo de guerras o de la pobreza, se une muchas veces el sentimiento de desarraigo, de no saber a dónde se pertenece. Los cristianos no podemos compartir esta mentalidad. El que acoge a un migrante, acoge a Cristo»

 “Oremos para que los migrantes que huyen de las guerras o del hambre, obligados a viajes llenos de peligro y violencia, encuentren aceptación y nuevas oportunidades en la vida”, pide el Santo Padre

El Pontífice explica que “debemos promover una cultura social y política que proteja los derechos y la dignidad del migrante. Y que los promueva en sus posibilidades de desarrollo. Y que los integre. A un migrante hay que acompañarlo, promoverlo e integrarlo”.

El Papa en homilía: «La Eucaristía nos enseña a bendecir, recibir y besar, siempre, en acción de gracias, los dones de Dios, no sólo en la celebración, sino también en la vida»


 * «Bendecir el pan quiere decir hacer memoria. ¿De qué cosa? Para el antiguo Israel se trataba de recordar la liberación de la esclavitud de Egipto y el comienzo del éxodo hacia la tierra prometida. Para nosotros es rememorar la Pascua de Cristo, su Pasión y su Resurrección, con la que nos ha liberado del pecado y de la muerte. Hacer memoria de nuestra vida, hacer memoria de nuestros éxitos, hacer memoria de nuestros fracasos, hacer memoria de esa mano extendida del Señor que siempre nos ayuda a levantarnos, hacer memoria de esa presencia del Señor en nuestra vida»


sábado, 1 de junio de 2024

LA PALABRA DEL DOMINGO. SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

MISTERIO Y COMPASIÓN.
Cada año nos reunimos  en torno a la Eucaristía para celebrar en ella la presencia real de Cristo que se queda, según su promesa, para ser  alimento no sólo del espíritu sino también de nuestro cuerpo, de nuestra voluntad a veces tan dolida y desmedrada. Jesús en la eucaristía siempre ha sido llamada que  quiere reconfortar, aliento que quiere empujarnos, alimento que quiere  saciarnos en esta  nuestra vida que tantas veces se ve vapuleada y aturdida por la  solicitudes externas que desconciertan y  e intentan seducir para llevarnos por caminos extraños a lo que el Señor nos propone.
La Eucaristía como signo de amor y de comunión nos ha de llevar,  por lo que ella misma significa, al encuentro con los otros, encuentro que en muchas ocasiones pasa por el perdón - tenemos que aprender a perdonar -, la solidaridad, la comprensión... todo lo que lleve a la proximidad, al prójimo.
 La Eucaristía como signo de amor y comunión nos ha de abrir al mundo, eso quiere decir que está llamada a hacernos libres total y absolutamente. Es una contradicción que  estemos comulgando  con frecuencia, si no diariamente y no  hayamos descubierto esa libertad que nos proporciona el sentirnos amados de Dios, recuperados, rehechos por Dios y es que el contacto, la frecuencia de Dios en nuestra vida, debe llevarnos mas allá, mucho mas allá de nuestros límites fronterizos, limites en donde  somos nosotros mismos los que a veces conscientemente  y otras no, los que  ponemos un " Danger" , peligro, porque en el fondo no estamos dispuestos  a darlo todo y preferimos guardarnos algo, esa tabla a la que agarrarnos por si las moscas.
 Hay que romper fronteras, desatar cuerdas, arriesgar, lanzarse al vació, como hizo Jesús , no confiando solo en nosotros,  sino sobre todo y fundamentalmente, en el Padre.



Si la Eucaristía es  entrega y permanencia de Cristo entre nosotros, reunirnos como sus seguidores, como Iglesia suya para celebrarlo, significa, debe significar, que estamos dispuestos ha hacer lo mismo que el hace y esto no  podemos pasarlo por alto.
 En el mundo  somos llamados a curar, venerar, respetar el cuerpo del hombre, que es también el cuerpo de Cristo. Nada sacamos  con poner la Eucaristía en hermosas custodias, si luego pasamos al lado de un pobre y ni siquiera le miramos.
 
¡¡Feliz día del cuerpo de Cristo !!

José Rodríguez Díaz 

NOTICIAS DE NUESTRA PARROQUIA

Hoy sábado ya estamos en el mes de Junio y por tanto las colectas de este fin de semana son de Cáritas.  Además tenemos la celebración del Corpus Christi. Al finalizar la misa de doce tendremos la procesión  dentro de la iglesia. Esperamos la participación de los niños de Primera Comunión.

 Publicamos que el viernes pasado día 31 era la fiesta de Corazón de Jesús y no es así. Esta fiesta será el viernes día  siete de Junio.

Encuentro diocesano de jóvenes el sábado 22 de junio.


Como cada año, cuando llega el final del curso pastoral, el Secretariado de pastoral juvenil organiza el Encuentro de diocesano de jóvenes. Con el lema 'La alegría de la iglesia', este encuentro se celebra en la parroquia del Corazón de María (Claret) en la calle Obispo Rabadán, 12, en Las Palmas de Gran Canaria, el sábado 22 de junio, de 17.30 a 20.00 horas. 

Más información en Pastoral Juvenil

Misa de fundación en Las Palmas de las Hermanas Franciscanas en Santidad


La parroquia Nuestra Señora del Carmen, en Santidad, Arucas, acoge la llegada de una nueva comunidad de religiosas a la Diócesis de Canarias. Se trata de las Hermanas Franciscanas cooperadoras parroquiales de la Asunción. La misa de fundacion de la comunidad se ha celebrado este vienres, 31 de mayo, a las 19.00 horas, presidida por el obispo José Mazuelos, en la iglesia de Santidad.


Entrados en el mes  de Junio el día  siete es primer viernes de mes y tendremos la exposición solemne del Santísimo de 5,45 a 6,45 y a continuación la Eucaristía en honor del Corazón de Jesús.. 

Presentación de la exhortación sobre la pastoral con migrantes


 Presentación de la exhortación pastoral ‘Comunidades acogedoras y misioneras. Identidad y marco de la pastoral con migrantes’ a cargo de Xavier Gómez, director del departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española.

Se trata de un encuentro abierto a todas las personas y grupos que deseen asistir.

Será en la Casa de la Iglesia, en Vegueta, el lunes 3 de junio, a las 19.00 horas.


Liturgia y política, causa y efecto del bien común


 P. Osmín Serrano

Liturgia, política y bien común tres términos aparentemente antagónicos. Ya que la liturgia hace referencia al culto privado que la Iglesia debe reservar para sus templos, con aquellos ciudadanos que sean cristianos. La política constituye el gobierno de los líderes que han sido puestos por aclamación popular según la corriente ideológica que representan. Por último, el bien común constituye el bienestar que el Estado debe garantizar a los ciudadanos. Tal es la absoluta mentira que desde la Ilustración se nos ha vendido y que muchas veces se ha asumido.

El Concilio Vaticano II define la liturgia como «obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia» (SC 7). Obra de redención de Jesucristo, realizado especialmente por el misterio pascual; muerte que destruye nuestra muerte, resurrección que restaura nuestra vida y ascensión que introduce a la humanidad en la Trinidad (el Resucitado es Dios y hombre verdadero) y pentecostés inicio de comunión vital con el misterio de la Trinidad. Benedicto XVI ha explicado en sus Obras Completas, X, que el misterio pascual es el núcleo del evento de salvación y el verdadero contenido de la liturgia, «por medio de la cual “se ejerce la obra de redención”» (SC 2). Dotando de contenido a la historia de salvación en la que estamos insertos, realizándose por el Cristo total, Cabeza (Cristo) y Cuerpo (Iglesia). Con lo cual, «la Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza» (SC 10).

¿Dónde está el puente entre liturgia y política? La respuesta parte de superar una deformada cosmovisión: la dicotomía entre lo natural y sobrenatural, entre lo divino y lo humano. Entonces se puede entender desde la lógica de la encarnación y lo sacramental. El Hijo de Dios, encarnado, verdadero Dios y verdadero hombre. De tal forma que ya no puede haber contraposición, sino causa y efecto, es decir, origen y meta. Esta realidad se reproduce en el hombre por vía creacional y sacramental: su dignidad sagrada le viene de ser imagen de Dios. Su realización deviene por vía bautismal, nuevo nacimiento a la vida en Cristo, siendo insertado en el misterio pascual por el que se hace hijo en el Hijo. Así, encarnación del Hijo y sacramento del bautismo vienen a ser el puente que introduce el dinamismo pascual en la historia, es decir, en todos los ámbitos de la existencia humana. Siendo a su vez la Eucaristía la actualización constante de dicho dinamismo. Aquí hace carta de presentación la política y su relación con la fe cristiana pero respetando la autonomía relativa de ambas.

Una vez más, tendremos que superar una desvirtuada concepción de política, como pugna por el poder con carga ideológica y partidista. Retrotrayéndonos a su significado primigenio y auténtico. La palabra política significa asuntos de la ciudad, la búsqueda del bien de los ciudadanos. La Iglesia desarrolla la dimensión política del hombre diciendo: «por ser una criatura social y política por naturaleza, “la vida social no es, pues, para el hombre sobrecarga accidental”, sino una dimensión esencial e ineludible» (Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, nº 384). La persona humana y la búsqueda del bien común constituyen así el fundamento de una auténtica política. Con lo cual, la liturgia obedece al orden del misterio revelado por Dios y vivido en la Iglesia como lex credendi (fe que se cree), lex orandi (fe orada) y la política en la vida cristiana obedece al orden de la encarnación de lo que se cree y se celebra en lex vivendi (fe vivida, martirio-testimoniada). Sin embargo, como la persona es unidad de alma y cuerpo esto no puede ser vivido independientemente o anacrónicamente sino que lex credendiorandi vivendi constituye el criterio de actuación del cristiano en la realización de la política que busca el bien común.

El bien común, ha sido definido por la Iglesia como «el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección» (GS 26). De la dignidad sagrada de las personas y su igual dignidad deriva el bien común. Ello implica la promoción: personal, desde su modelo en el Hijo de Dios; integral, que respeta la complejidad humana sin absolutismo; institucional, en cuanto miembro de la sociedad. Tal es así, que la política debe actuar para que la vida social (nacional e internacional) esté organizada de tal modo que garantice la plenitud de toda y cada una de las personas: «hace falta –dice Francisco- la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos» (LS 202).

Hablamos de causa, porque la liturgia constituye el medio a través del cual se actualiza en el hombre la verdad de su ser y quehacer, ya que «el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado»(GS 22). La causalidad que ocurre en la liturgia es el momento-síntesis de la historia de la salvación. Por medio de ella, el Señor transmite su vida divina al mundo, el Espíritu Santo vivifica y anima la historia de salvación, renovando la faz de la tierra (Sal 104, 30). Este es el Sumo Bien que da contenido y orientación al bien común y consecuentemente al bien personal; según W. Cavanaugh, en su libro Tortura y Eucaristía: esto ocurre porque teología, política y  cuerpo de Cristo, están reconfigurando el tiempo (kairós) y el espacio (historia Salutis), desde la dimensión social de la Eucaristía en contraposición al tiempo y el espacio del Imperialismo actual. Entonces, la existencia cristiana consistirá en realizar en la vida el misterio celebrado en los sacramentos, en hacer pasar a la vida diaria lo recibido por la fe, en la espera constante de que se cumpla la consumación de la historia.

Efecto, porque la política viene a ser la encarnación histórica de lo vivido en la liturgia. Es el espacio actualizador de la encarnación redentora, el misterio de Dios puesto en acto por las obras de los bautizados que, buscando cumplir el bien común, están recapitulando la historia hacia Dios. Es tiempo que cobra sentido, en cuanto kairós, tiempo de salvación, «memoria del futuro» dirá J. Zizioulas. De tal forma, que «nadie –dice Francisco- puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos» (EG 183).

Un gran maestro de la liturgia como lo fue Odo Casel en su obra El misterio del culto cristiano, explicaba el potencial litúrgico en la vida social: «Sonó la hora de volver al Misterio; se trata de que cada cual se vuelva a la fuente de la salvación, porque sólo en el misterio de Dios puede curarse de nuevo el mundo. Es ahí donde obra el Pneuma vital de Dios; es ahí donde corre la Sangre de Cristo, que cura y santifica al mundo, lo redime y lo transfigura».

San Juan Pablo II recordaba que «para animar cristianamente el orden temporal —en el sentido señalado de servir a la persona y a la sociedad— los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la “política”; es decir, de la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común» (Christifideles laici, nº 42). Participación que no es individual, sino desde la solidaridad, no como una filantropía, sino como «la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos» (Sollicitudo rei socialis, 38).

De tal forma, que política y bien común es tarea de todos y no de muchos. Lo contrario es a lo se ha llegado hoy, el mito del Estado como salvador, confluyendo en el surgimiento de las religiones políticas y sus modelos de santidad: el santo calvinista, el hombre nuevo positivista, el ideólogo ilustrado, el jacobino revolucionario, el hombre nuevo anarquista, el proletariado marxista, el héroe soviético, el soldado fascista, el hombre ario nacional-socialista, o el superhombre nihilista.

En definitiva, hablar de liturgia implica no reducirla a un intimismo inmanentista, sino como el culto tributado a Dios por la Iglesia, quien a su vez está llamada a reproducir en sus miembros la lógica de las misiones de la Trinidad: el Hijo que se encarna y redime, junto con el Espíritu que se derrama y se convierte en alma animante y vivificante. La política cristiana se convierte así en encarnación y recapitulación. Para el bautizado, desde la encarnación del Hijo, no existe contraposición entre la ciudad de Dios y la ciudad del hombre, la doble naturaleza de Cristo ha anulado tal diferencia; para el bautizado existe, por decirlo en categorías aristotélicas, acto y potencia, en cuanto lo que se es y lo que se está llamado a ser. Ello conlleva a no reducir la política a un estadocentrismo, sino llevar hasta las últimas consecuencias la dimensión política de todo hombre, en concreto en el bautizado como caritas políticas Trinitatis, en pos del bien común (de todo y todos los hombres) y el bien mayor (comunión salvífica con la Trinidad). Con estos presupuestos se puede comprender, desde la doctrina social de la Iglesia, las afirmaciones eclesiológicas de LG 8 y 48 sobre la Iglesia como realidad compleja (humana-divina) y como sacramento universal de salvación.

«La persona humana y la búsqueda del bien común constituyen el fundamento de una auténtica política». Manifestación en contra de las injusticias, Venezuela 2022.

Artículo publicado en la revista Id y Evangelizad

Foto: Tina Tozzi.

783 millones de personas con hambre crónica


 El Comité de Emergencia Español -integrado por Aldeas Infantiles, Educo, Médicos del Mundo, Oxfam Intermón, Plan Internacional y World Visión- destaca en un comunicado que los conflictos, las crisis económicas y el alza de los precios han agravado las crisis humanitarias y ha dejado a millones de familias necesitadas de ayuda.

El número de personas que se enfrentan al hambre extrema casi se ha duplicado desde 2019, hasta alcanzar los 258 millones en 58 países en 2023. Unos 783 millones de personas padecen hambre crónica, según el Programa Mundial de Alimentos.

Las necesidades humanitarias se han duplicado en los últimos cuatro años: 1 de cada 23 personas necesita ayuda humanitaria sólo para sobrevivir; la mitad de ellas, 170 millones, son menores.

“Los niños y niñas expuestos al hambre tienen más probabilidades de verse forzados al matrimonio o al trabajo infantil, ya que buscan desesperadamente comida suficiente para cada día. Los alimentos básicos como la leche, los huevos o el pollo, no deberían considerarse un lujo y tienen que estar al alcance de todo el mundo para poder tener una dieta equilibrada”, explica Eloisa Molina de World Vision.