sábado, 25 de abril de 2026

LA PALABRA DEL DOMINGO. DOMINGO CUARTO DE PASCUA. CICLO A. DOMINGO DEL BUEN PASTOR.

EL BUEN PASTOR: LA TERNURA DE DIOS.



  Este domingo dejamos atrás las manifestaciones de Jesús resucitado pues la liturgia nos ofrece otros textos para reflexionar, pero siempre muy unidos a la resurrección del Señor que es donde esta la clave de todo. La imagen que se nos ofrece este domingo es la del Buen Pastor muy arraigada en la tradición cristiana pues ya la encontramos en las catacumbas y primeras manifestaciones del cristianismo junto con el pez, el pan y las uvas o la Santa Cruz, que es la que va a permanecer quizá por la sencillez a la hora de trazarla.

Pero volvamos al principio donde nos espera el texto del evangelio que es de Juan ( Jn. 10, 1-10 ). En el nos encontramos que Jesús está hablando a los fariseos a quienes invita a cambiar de actitud y de vida y a quienes se les muestra como el enviado ofreciéndoles la posibilidad de empezar de nuevo. En el fondo y si uno se para a reflexionar sobre la acción de este Buen Pastor del que habla Jesús se descubre que hay un cierto latido que nos recuerda al Siervo de Yahvé de Isaías que viene sanando, invitando y acogiendo, que trae la paz y reúne a los pueblos.

   En el texto nos encontramos con dos momentos. El primero, en donde Jesús habla en términos generales sobre la misión del Pastor, de su dedicación y entrega. Habla a los fariseos encargados de mantener la fe del pueblo y les invita a la novedad que se encierra en la acción cotidiana de Dios. Les dice que no se trata de apariencias, de  colarse por la puerta falsa, ni de asaltar el aprisco, sino  de caminar junto al rebaño, orientarle en su caminar defenderle ante el peligro del lobo, les dice que el no es un asalariado, sino el anunciado y prometido y que como pastor ha de reunir y conducir al rebaño, al pueblo; se está ofreciendo para que en el ellos encuentren la seguridad que necesitan. El conoce y sabe de cada oveja a las que llama por su nombre, ellas reconocen su voz y le van a seguir porque han aprendido que ahí está la verdad, y que ese pastor que las cuida no es un aprovechado ni les hará daño. Todo esto lo dice Jesús a los fariseos invitándoles, tratando de animarles a que cojan las riendas de su misión y estén junto al pueblo pero estos se resisten a escucharle y a dejarse conducir haciendo caso omiso  a la palabra y la acción de Dios en el momento que les está tocando vivir; prefieren contemporizar y acomodarse a lo que sucede sin  interrogarse, ni plantear respuesta alguna. Les da igual si las ovejas tienen agua o no. Solo piensan en ellos.

  Pasamos al segundo momento y es aquí donde Jesús viendo la resistencia de los fariseos les habla si cabe con mas intensidad y en donde se les muestra como el anunciado y esperado, como el verdadero camino y puerta que lleva al Padre. El es el quien ha sido enviado para reconducir al pueblo, pueblo propiedad de Dios y no de los fariseos o autoridades religiosas. El es el enviado que viene para sanar, para reunir superando diferencias, desconfianzas y miedos, para alentar la esperanza y dar seguridad con gestos de bondad, cercanía y ternura, Para estar junto a los suyos, de tal forma que el camino del rebaño es el suyo, la suerte de uno es la de todos. Este es el Buen Pastor que ya en varias ocasiones ha dicho que  no dejará a su rebaño, a los suyos, solos, que ninguno se va perder pues  para eso ha venido, que todo el que le busque la va a poder encontrar, porque el se va a dejar encontrar cuando hay verdad  en el corazón, que está entre nosotros para conducirnos al Padre, que el es el camino, la verdad y la vida.

Este no es un pastor al uso que huye cuando ve  venir el peligro, sino que se planta y defiende a su rebaño entregando su misma vida si hace falta con tal de salvarlo de la agresión del enemigo que intenta devorarlo. Este si que es un Buen pastor: Nuestro Señor Jesucristo.

¡¡FELIZ DOMINGO DEL BUEN PASTOR!!

José Rodríguez Díaz


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