HAY QUE APRENDER A VOLAR.
La Palabra que en este
domingo se nos ofrecen para la reflexión intenta ayudarnos a
descubrir cómo Dios a lo largo de la historia, sin que casi nosotros
nos demos cuenta, actúa en favor nuestro y en el mundo. San Pablo
desde un fogonazo del Espíritu Santo nos lo dice en ese capítulo
once de la carta a los romanos cuando recuerda la generosidad, la
sabiduría, el conocimiento, lo insondable de las decisiones de Dios
para terminar recordándonos que El es el origen, guía y meta del
universo.
Desde esta revelación
que nos hace Pablo estamos llamados a interpretar y descubrir el
acontecer de Dios en el tiempo, en la vida, en esto que llamamos la
historia de la salvación que no es otra cosa mas que la memoria de
lo que el hombre ha vivido y puesto por escrito, de su relación con
Dios y que nos ha de servir de ayuda y guía para nosotros aprender
a descubrirle a nuestro alrededor, por un lado y seguir haciendo esa historia de salvación junto a El, por otro. Es una llamada a la
aceptación de nuestra condición de criatura junto con un alzar de
nuestra humana condición en donde no hay desprecio sino una apuesta
por reivindicar el valor de nuestra evidente debilidad, nuestra
propia condición de humanidad contingente y necesitada.
En la primera lectura que es de Isaías vemos que en nombre de Dios es rechazado
el que teniendo una responsabilidad frete al pueblo con la que no cumple y que además quiere ocupar el puesto del mismo Dios. La soberbia le ha perdido.
Esto no es nuevo. Pero sin embargo, Dios sigue confiando en la
humanidad, en el hombre y se nombra a otro que ha de sustituir a ese
cuidador infiel e irresponsable.
En el texto del evangelio
nos encontramos con una oportunidad mas que se ofrece a los hombres
desde el grupo de los que habiendo sido llamados están con Jesús que les interroga por lo que piensan sobre su persona; pregunta y
ocasión para definir su postura y la voluntad de estar con el, de
seguirle o no. Seguimiento al que han sido invitados y que está
íntimamente relacionado con el proyecto del Padre para con el mundo y
que va a tener mucho que ver con comportamiento y fidelidad.

Lo de las llaves no deja
de ser, lo mismo que en la primera lectura, un signo que habla de
responsabilidad entregada y de actitudes a conservar en lo que a la
vida y la fe se refiere; Lo que si nos llama la atención es el lugar donde sucede: en Cesarea de Filipo: ciudad fundada
por Filipo hermano de Herodes en honor del Cesar que se hace llamar
Dios y por ahí se cuela la idolatría, el relativismo de la fe en
Israel que va muy unido al interés particular de sacar redito
junto con los que se atreven a poner al Dios de los padres y de
la alianza a la altura de los reyes de la tierra que oprimen y
fustigan. La pregunta que Jesús hace a los discípulos no es tan
ingenua como puede aparentar ni está movida por la vanidad, ni por el
engreimiento, ni mucho menos por un deseo de protagonismo. Allí
donde se ha dedicado una parte de la tierra de promisión a un
supuesto Dios pagano, el cesar, Jesús con esta pregunta, reivindica
la soberanía, la acción de Dios, y a su pueblo. Todo eso está
detrás de esas llaves. El Señor sale en defensa de lo suyo y de los
suyos.
Para nosotros, en nuestro
hoy, que nos reunimos para celebrar al Señor según el nos pidió
que hiciéramos, es también ese interrogante con el que Jesús
intenta renovar y espabilar la conciencia de los que le siguen.
La
historia de la salvación no ha concluido y necesita de convencidos
que estén dispuestos a entregarlo todo en un mundo que anda a sus
cosas, que le cuesta descubrir la acción de Dios en sus entrañas o
que no sabe buscarlo aunque experimenta su necesidad; un mundo que no
solo le importa negociar con la vida de los hombres, sino que tambien
se atreve con Dios.
Es esta la gran tragedia
del hombre de hoy que cada vez se está convirtiendo en un ser mas
plano, mas chato prefiriendo renunciar a la trascendencia en aras de
la efectividad, del poder y el dinero.
No nos damos cuenta, pero
estamos perdiendo horizonte, capacidad de transcender, de alcanzar
nuestra plenitud y terminamos por creernos la mentira de que somos
dueños no solo de nosotros, sino del mundo y hasta del mismo
cielo. El tema de las llaves va por esto, para ayudar al hombre ante
el peligro de perder su capacidad de trascendencia.
El hombre ha de saber que en cualquier momento, si busca a Dios, lo va a encontrar. Para eso somos enviados.
¡¡Feliz día del Señor!!
José Rodríguez Díaz