RECUPERAR LO PRIMERO DE LA FIESTA.
Como cada ocho de septiembre y siguiendo la tradición de nuestros mayores, nos reunimos entorno al altar y a los pies del trono de la Virgen María para celebrar su nacimiento y la misericordia que ha mostrado Padre Dios al donarnos la presencia de la Virgen en su advocación del Pino. Ya desde los inicios de nuestra iglesia en Canarias, cuando corría el siglo quince, la devoción a la Virgen del Pino está entre nosotros encontrando muy pronto arraigo en el corazón de nuestra gente que la invocaban para alcanzar la gracia y la ayuda del cielo como intercesora, ante las penalidades que sufrían los que nos han precedido ( hambruna, peste, guerra, sequias, epidemias, emigración); ellos de miles formas y maneras nos han hablado de las gracias y favores que desde esta imagen de María les llegó y llega a todo el que le invoca desde el corazón. La advocación de la Virgen del Pino no se caía de los labios de nuestros mayores y así la aprendimos como madre, protectora, ayuda y luz en la vida, en nuestra vida. Es justo que en el día de hoy nos reunamos a celebrar y a dar gracias por tamaño don recibido de parte de Padre Dios y a través de nuestro mayores. Ella forma y conforma gran parte de nuestra historia como Iglesia y como pueblo.
Atendiendo a las lecturas de la liturgia de hoy es el Evangelista San Mateo el que nos da la clave de la importancia de esta fiesta al relatarnos el nacimiento de Jesucristo nuestro Señor y en donde se nos dice que María es su madre. También adquiere importancia la figura de José como el que ha sido señalado para procurar que este proyecto de Dios para con los hombres desde y con Jesús y su madre María, salga adelante. José hoy sería figura de la iglesia llamada y convocada para guardar este tesoro de la presencia y la acción de Dios en el mundo y para el mundo, entre nuestra gente. Hemos de aprender de el a saber dejar a un lado querencias, opiniones o proyectos y ponernos en camino dando lo mejor de sí.
La Importancia de María está ahí en ese aceptar y ser Madre de Dios como nosotros la aclamamos. Con ella y desde ella somos llamados a aprender a saber esperar ante las dificultades y seguir confiando en la misericordia y la bondad de Dios Padre; a saber escuchar haciendo vida, la Palabra de Dios y rumiándola en nuestro corazón. A saber ayudar al que lo necesite y a permanecer en la confianza que nos inspira la certeza del amor de Dios manifestado en nuestros corazones por el Espíritu Santo.
¡¡ Feliz día de la Virgen del Pino!!
José Rodríguez Díaz








