PORQUE
HEMOS VISTO AL SEÑOR.

En
este Segundo Domingo de Pascua con la fiesta de la Divina
Misericordia estamos invitados a pensarnos ante Dios desde los textos
que se nos ofrecen y en donde se nos habla de aquella primera iglesia
que lo ponía todo en común ( Act. 2,42-27 ) que no se avergonzaba de
ser seguidora de Cristo y mucho menos lo escondía; de aquella
primera iglesia que reconoce que tiene problemas para creer y que
termina por abandonarse en las manos y en la misericordia del Señor
porque este se le da sin medida, se entrega, le ofrece su
amistad y la posibilidad de ser una familia nueva. Ella
descubre que sólo en El encuentra, puede encontrar, la paz, el
consuelo que necesita y la serenidad de espíritu para poder seguir
viviendo en armonía y junto a los hermanos. ( Jn. 20,19-31 )
Descubre y sabe que necesita del Señor; que ella por sí misma no
puede hacer nada y que la salvación es sobre todo un don que se le
da, que se le pone en las manos y que está llamada a ofrecerlo a
todo aquel con quien se cruce en su camino, sabiendo y sin nunca
olvidar, que es la suya una misión de misericordia lo mismo que el
Señor ha hecho con ella al sacarla de la postración, de la
oscuridad y del miedo devolviéndola a la alegría y las ganas de
vivir, abriéndole, en definitiva, una puerta a la esperanza porque
ya puede estar segura de que la muerte no es lo definitivo en la vida
del hombre y así lo ha de vivenciar y anunciar.
En
la oración colecta de la misa de hoy hemos orado diciendo: “ Dios
de misericordia infinita, que reanimas la fe de tu pueblo con el
retorno anual de las fiestas pascuales; acrecienta en nosotros los
dones de tu gracia para que comprendamos mejor la inestimable riqueza
del bautismo que nos ha purificado, del Espíritu que nos ha ha hecho
renacer y de la sangre que nos ha redimido. Por Jesucristo nuestro
Señor.” En clara alusión a
los inicios de nuestra fe y de nuestra pertenencia a la iglesia y el
don que en ello ser nos da y que se nos renueva.

De
esta forma la Iglesia se siente reforzada, pasa de ser una iglesia que vive en sombras e insegura (Tomás ) a ser una iglesia iluminada por la luz del que es la misma luz , y así lo vive y así lo anuncia pues está en manos de su
Señor; seguridad que no le ha de llevar a sentirse ni por encima ni
mejor que nadie, sino antes bien, servidora y a la altura de la vida
de los otros y ayudar a hacer de la vida un contagio que anime a
los hombres llamados a vivir en esperanza porque han descubierto la misericordia de
Dios que tiende la mano a todo el que viene a este mundo y que
necesita saberse amado por el mismo ser que le alcanza a la
existencia: Dios Nuestro Señor.
Por
otro lado, en la segunda lectura que es de la primera carta de Pedro
( 1ª Pe.1,3-9 ) nos encontramos que dice algo muy inspirado
hablando de la fuerza de Dios que nos custodia en la fe y que viene a
concluir con este hermoso párrafo. Dice: " No habéis
visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os
alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la
meta de vuestra fe; vuestra propia salvación".
El
salmo, ( sal. 117 ) como no podía ser menos, nos invita a la acción
de gracias recordándonos la bondad y la misericordia del Señor.
Para terminar diciendo que la piedra desechada por los arquitectos,
vino a ser la piedra angular y que esa es la acción del Señor, su
actuar. Ahí el origen y el motivo de nuestra alegría y nuestro
gozo, porque además, descubrimos que esa acción suya no solo es por
día sino que permanece en el tiempo con vocación de cobijar a
todos. Esto nos lo recuerda María en su canto del Magnifica.
El
tema es la misericordia de Dios que se acerca al hombre, que apuesta
por el hombre, para que este encuentre su dignidad, su ser y con
ello su trascendencia y fin último. Y nosotros, creemos y confesamos que la vida, toda vida, está llamada a ser iluminada desde la Resurrección de Cristo adquiriendo nuevo color, nuevo
sentido, porque la esperanza y la misericordia con que se nos regala
anulan todo miedo e incertidumbre y nos catapulta a un futuro bien cierto y que satisface nuestra esperanza.
¡¡Feliz
Pascua de Resurrección !!
José Rodríguez Díaz