EN EL TALLER DEL ALFARERO
Los textos de este domingo
nos llevan a encontrarnos con la respuesta que Dios da a aquello a
quienes el miedo atenaza en la vida por diversas circunstancias y
buscan cobijo, consuelo y respuesta en el.
Son tres los momentos que
se nos ofrecen a la reflexión. En la primera lectura que es de
(1Re.19, 9.11-13 ) Elías busca cobijo y la salvación de Dios en el
Monte Sinaí u Horeb. Anda huyendo de los soldado de Jezabel que le
ha sentenciado a muerte por haber desbancado a los sacerdotes de los
baales en el monte Carmelo. No se lo perdonan y le persiguen. El ha
defendido el honor de Dios. Dios no lo abandonará y lo defenderá. Y
se le manifiesta y le reconforta y le susurra y le da la fuerza
necesaria para seguir adelante con su misión de restaurar la alianza
y la fe del pueblo a pesar de sus miedos y su debilidad. Dios le
sostiene y le indica cual es el camino.

El segundo momento es de
Pablo en la carta a los de Roma ( Rom. 9,1-5 ) donde manifiesta la
preocupación con la que vive al ver que sus hermanos de raza
habiendo sido elegidos, no acepten a Jesús y se pierdan. Pablo
está, nos dice, dispuesto a lo que sea, inclusive hasta perder la
relación con el Señor con tal de que los suyos la encuentren y
acepten a Jesús como el Señor. No se les puede ni se les debe
menospreciar, nos dice, al contrario, hay que tenderles la mano y si
es necesario entregarse. Eso es lo que está dispuesto ha hacer y no
le importa hacerlo. La meta es que Jesús sea reconocido y aceptado.
Este es el Apóstol, el misionero, el que se da sin medida porque ya
Dios se le ha dado a el sin medida. El miedo ahora es quedarse sin
Dios, el no hacer lo suficiente para que sus hermanos encuentren al
dador de la vida. Descubre que quedarse de brazos cruzados y dejar pasar no es
solución. Hay que afrontar la realidad sin complejos aunque haya
desconcierto y duda y ese no saber como va a quedar todo. Si para alcanzar lo que ha
descubierto es necesario entregarlo todo, como sea, el está, con la
fuerza de Dios, dispuesto a ello. La dificultad, el miedo, la pereza,
el abandono; ya lo ha dicho en el capítulo anterior, no pueden
apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús para nuestra
salvación y gloria de Dios Padre.
El tercero momento es el
miedo de los discípulos en medio del lago, prisioneros en una barquichuela que el viento zarandea; es la tormenta. Peligra
la barca y con ella la vida, ( Mt.14,22-33 ) Jesús sale al paso ayudando a superar la
situación, tendiendo la mano, devolviendo la calma e invitando a
tener fe.
Son tres momentos en
donde descubrimos que la duda y los temores de ese "no saber" se
pueden dar y de hecho se dan en nuestra vida y en cualquier momento. Cualquiera de nosotros nos podemos encontrar en cualquiera de
ellos tambien. Podremos ser socorridos? Si, si somos capaces de buscar al
Señor, de refugiarnos en el, de buscar su consuelo, de hacernos fuerte en
su amor a pesar de la evidencia de nuestra debilidad. Dios es el
fuerte, no nosotros. Dios es quien salva, no nosotros. Dios es quien
envía y sugiere y lo nuestro es, habitando en el, dejarnos modelar
por su mano, por su gracia, por su palabra como la arcilla de la que
habla el profeta Jeremías. Este es el taller del alfarero.

El miedo existe, es real, pero tambien lo es
la gracia y la donación que Dios hace de si mismo al que le busca
con el corazón roto, pero con sinceridad y sabiendo que con su
ayuda podrá salir adelante sin tirar la toalla ni romper o malgastar
la existencia. No olvidemos que nuestro Dios es el Dios de la vida y no de la muerte.
¡¡Feliz día del Señor !!
José Rodríguez Díaz