PARA GANAR LA BATALLA.
Jesús, en el evangelio de hoy ( Mt. 10, 37-34 ) nos habla de forma muy directa de la primacía y radicalidad del amor que debemos a Dios que nos escandaliza, nos asusta. Pues bien, para entender estas palabras suyas hemos de recurrir a la tradición de Israel, hay que mirar hacia atrás y ahí nos encontramos que en el libro del Deuteronomio (6, 4-9 ) se dice que el primer mandamiento de la ley y mas principal es este que se enuncia así: " Escucha Israel: el Señor nuestro Dios es uno sólo" y luego aparecerá tambien en el libro de los Números y otros pasajes del A.T. y en el Nuevo Testamento en San Marcos (12,28-30) y en San Mateo ( 22,37 ). La propuesta de Jesús abarca tanto lo afectivo como la intrascendental, todos los aspecto de la vida, tanto lo material como lo espiritual; quehacer y sentimientos, todo tiene que ver con Dios se nos está queriendo decir. Riqueza y pobreza, sufrimiento y esperanza, alegría y tristeza y una fuerte necesidad de confiar en él por encima de todo, mas allá de todo. Es esta una propuesta que nos ha de lleva a descubrir que las cosas y aún nosotros, somos pasajeros, no somos ahora mismo definitivos, aunque si estamos llamados a serlo. Es en Dios donde hombre y creación se encuentran y realizan y si esto es así no puede haber otro por encima, mas allá o mas acá, antes o despues del mismo Dios, alguien que le pueda sustituir o suplir, no puede. Dios es Dios. Ya se definió así, como el que es, ante la pregunta de Moisés en el Sinaí: “Yo soy el que soy"(Exo. 3)
Esto es lo que se le dice al hombre, a todo hombre, que anonadado ante el misterio pregunta y frente a la respuesta que recibe o bien todo se viene a los suelos o por el contrario le sublima y eleva, va a depender de la voluntad del hombre ante el cual está la oferta de encuentro del Creador con su criatura y su deseo de que este recupere su condición perdida.
Por ahí va el texto de hoy que en el fondo nos está preguntando por el lugar que ocupa Dios en nuestra existencia, en nuestra vida, en nuestras decisiones y relaciones; hay que descubrir y tener bien claro que si Dios no está en lo primero de todo lo que somos, pasado, presente y futuro, todo lo que venga despues no va a servir de nada y va a quedar fallido como flor que no da fruto, porque le falta el polen, porque le falta la dulzura de la miel, le falta el mismo Dios y por mucho que el hombre quiera revestir esta ausencia de libertad e independencia y presuma de ello como un éxito, el fracaso terminará por aparecer derrumbándolo todo, dejándonos sin nada, absolutamente nada hasta sin Dios. La soberbia tiene un precio y termina pasando factura.
Dejar bien claro que no se trata de sometimiento, no, se trata de vivir según nuestra humana condición. El hombre no es mas hombre por ser rebelde, por renegar de la fe, por tener mucho poder o riquezas, no; el hombre es cada vez mas hombre cuando se acepta y se mira en el otro y descubre que necesita del otro y no como rival, sino como un tú con el que ha de caminar; es decir, cuando reconoce su condición de dependencia y debilidad y ayuda y comparte y acepta el dolor no como castigo, sino como algo que conforma su existencia. El hombre es mas hombre cuando comparte su agua con el que tiene sed aún a riesgo de quedar el sin una gota que llevar a sus labios. El hombre en la medida que comparte, se acerca a Dios, se hace mas de Dios y así y solo así, es como puede ganar la batalla. El hombre esta llamado a vivir en la misma vida de Dios y esa es la propuesta de Jesús. San Pablo en la segunda lectura ahonda en ello ( Rom. 6,3-4.8-11). Ahí la respuesta. Ahí la posibilidad.¡¡Feliz día del Señor. !!
José Rodríguez Díaz.








