EL AMOR DE CRISTO NOS URGE.
Nos toca celebrar este domingo al patrón de la parroquia: San Antonio María Claret que destacó por su incansable dedicación a la predicación con una inquebrantable voluntad misionera. No se detuvo ante viajes y no dejo de acudir a donde se lo indicaban sus superiores aun contra su voluntad. Fundador de los hermanos y hermanas del Corazón de María en favor de la enseñanza. Llegó a nuestra isla traído por el obispo Buenaventura Codina ( 1848- 9 ) para misionar y fue entre nosotros y en otros muchos lugares donde forjo su santidad y su comunión con Dios que mas tarde le llevaría a los altares no sin antes tener que sufrir la calumnia, la mentira e inclusive un atentando en Cuba, por defender el progreso de los trabajadores o estar obligado a vivir en la corte. Murió en el destierro con sesenta y tres años.Esta reseña intenta ser una pequeña semblanza de nuestro santo patrón que ha de ayudarnos a vivir la fe con valentía, sinceridad y transparencia. El patronazgo de un santo no solo es para que nos proteja del mal, sino para que tambien y fijándonos en sus virtudes, le imitemos en la sinceridad y vida de fe aprendiendo a sobrellevar las dificultades propias de los días que en muchas ocasiones se acrecientan porque los que se colocan enfrente no aceptan o no quieren que hagamos o actuemos de determinada forma dejando el sello de la fe en lo que hacemos.
A raíz de esto viene el texto del evangelio de hoy que es, digamos, como el colofón de los distintos encuentros que Jesús tiene con los dirigentes religiosos judíos y que como hemos podido ir reflexionando en domingos pasados, se ponía en tela de juicio y que en términos generales tocaban la fidelidad a la promesa, a la palabra, al trabajo encomendado y al mismo Dios. El evangelio de hoy nos pone ante la totalidad en nuestra existencia. ¿ A quien debemos fidelidad? ¿ Donde hemos de poner el acento a la hora de hacer las cosas y por qué o por quién las hacemos? ¿ Que nos ha de mover ? La pregunta que resuena tiene que ver con nuestra actitudes, con nuestra fe y en general, con nuestra vida.La respuesta de Jesús no es otra, no puede ser otra, mas que la que conocen y saben los que le interrogan. Pero Jesús le añade una otra cuestión que está implícita en la primera y que también conforma los mandamientos y la alianza: el otro, la figura, la persona, el ser del hermano, la vida del otro. Cosa que los profetas ya vienen proclamando, dirá Jesús.
“ Charitas Christi urget nos” ( El amor de Cristo nos apremia ) es el lema que San Antonio pone en su escudo de obispo como insignia de lo que quiere que sea su labor y su vida y así fué. El quiso expresar de ese modo lo que había de moverle a la hora de actuar: el amor de Cristo. Amor que le llevó hasta Cuba donde su vida peligró por defender a los obreros y al final de sus días, a morir en el exilio en Francia. Era hijo de familia numerosa y de fabricantes textiles por tanto sabía, conocía, lo que era trabajar y las penas que se pasan para ganar el pan. Eso no lo va a olvidar y es eso lo que le posibilita entender a la clase trabajadora y humilde y mostrarse tan cercano con el dolor de la calle, con los que lo pasan mal; es esa sensibilidad la que le convierte en cercano y capaz de entender, de llegar al corazón, de alumbrar el camino desde la fe, la esperanza y el amor de Cristo que era lo que le movía desde un principio.
¡¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR Y DE SAN ANTONIO!!
José Rodríguez Díaz .








