NI DUEÑOS NI SEÑORES.
Nos encontramos este domingo con el capitulo 20 del Evangelio de San Mateo en donde se nos advierte y anima a vivir con fidelidad la misión que de administrar el encuentro de Dios con los demás que se nos ha encomendado. También hemos visto en la primera lectura, que es del profeta Isaías, como se nos invita a buscar al Señor en todo momento porque El es piadoso y no rechaza la verdad, dice, ofreciendo al hombre caminos nuevos de salvación. Y en la segunda lectura que ya no es de la carta a los Romanos entramos, con la carta a los Filipenses. Esta comunidad de Filipos fué visitada por Pablo en varias ocasiones, le apreciaban mucho en esta Iglesia y le envían donativos con Epafrodito para su subsistencia y para el resto de los hermanos. Es en esta carta donde aparece un himno a Jesucristo al tiempo que invita a los de Filipos a llevar una vida digna del Evangelio de Cristo, eso es lo importante, les dice. Volviendo el capitulo 20 del texto del Evangelio nos damos cuenta de que existe una unidad en la enseñanza en todo el que se inicia con el tema de los trabajadores llamados a horas distintas a trabajar en la viña del Señor; es el mismo Señor quien se preocupa de salir a buscarlos e invitarles a ir a su viña y quien trata a todos por igual al finalizar la jornada; a continuación se recoge un anuncio de la pasión por parte de Jesús; es el tercero y en donde dice que el siervo fiel se entrega para que los demás tengan vida y como contrapunto a todo lo que viene dicho se nos relata el deseo de los hijos de Zebedeo con su madre al frente, que quieren cargos importantes en el Reino. Se desata el enfado en el grupo y oímos la catequesis de Jesús sobre la voluntad del Padre subrayándoles que no se trata de mandar sino de servir. El capítulo termina con los dos ciegos que piden ver, colofón a simple vista un tanto ingenuo, pero que indica el camino que se ha de hacer.Mirando el conjunto vemos que la enseñanza está clara, se trata de ser fieles a la misión que es de servicio y acogida, no debemos andar buscando el poder ni usar en nuestro provecho la elección y mucho menos apropiarnos de la voluntad de Dios; es decir, pretender que Dios sea como nosotros queremos, que vaya al ritmo de nuestros intereses a veces no muy claros. La coda final es que con Jesús podemos salir victoriosos.
Aplicando todo ello a nuestra vida nos percatamos de que nosotros tambien andamos como ciegos y hemos de pedir al Señor que nos abra los ojos y las entendederas para así recobrar la vista y poder ver mas allá de nuestros egoísmos, para poder aprender, para saber aceptar la voluntad del Padre que se muestra tal cual y que es generoso con todos. Lo importante está en lo que ya le hemos oído a Pablo cuando escribe a los Filipense diciéndoles y animándoles a que lleven una vida digna del Evangelio de Cristo, el obediente, según aparece en el capítulo dos de Filipenses. Tampoco debemos olvidar la sugerencia de Isaías en la primera lectura de buscar al Señor. Buscar al Señor para aceptar su voluntad y laborar con dignidad, sin apropiarnos de nada, en la misión que se nos ha encomendado.
Lo mismo que entonces, la Iglesia hoy necesita saber, tener bien claro, cual es su misión y el anuncio que ha de hacer. Ahí está lo que dicen Isaías, Pablo y Jesús. No podemos andarnos por las ramas como los que no tienen fe tratando de manipular, de adueñarnos o hacer nuestro o a nuestro antojo el mensaje que es servicio puro y no mando. Necesitamos tener bien claro cómo debemos comportarnos y es en Jesús donde hemos de encontrar esa la luz que necesitamos para actuar según el evangelio; entonces no andaremos ni quejándonos, ni buscando puestos, ni enfadándonos por los otros, sino pidiendo al Señor que no deje de alumbrar nuestra vida porque somos siervos, enviados, ni dueños ni señores.
¡¡Feliz día del Señor !!
José Rodríguez Díaz.






