Hola, amigos, soy el párroco de San Antonio María Claret en Las Palmas de Gran Canaria, y en nombre de todos los que trabajamos en la parroquia quiero enviarles un saludo y darles la bienvenida a esta pagina nuestra en donde intentaremos comunicarnos e ir informando de todo el acontecer de nuestra parroquia. Que sean bienvenidos y un saludo.
domingo, 31 de marzo de 2013
PORQUE CRISTO HA RESUCITADO
A LOS DE LEJOS Y A LOS DE CERCA.
A LOS AMIGOS Y A LOS QUE NO LO SON.
A LOS SEGUIDORES DE ESTE BLOG Y A LOS QUE SE LO ENCUENTRAN NAVEGANDO.
PARA TODA LAS GENTES DE BUENA VOLUNTAD QUE POBLAMOS EL MUNDO.
¡¡¡¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!!!
DÍA DE PASCUA DE RESURRECCIÓN
EN LA MAÑANA DE RESURRECCIÓN.
Fue en una mañana como la que ya está apuntando cuando las tres mujeres, según nos cuenta el evangelista San Lucas, venciendo todo tipo de miedo, salieron de casa con los ungüentos y los aromas para terminar de preparar el cuerpo de Jesús, aún a sabiendas que no podrían mover la piedra de la entrada del sepulcro.
El amor es quien les pone en camino, el amor es
quien las lleva y les ayuda a vencer miedos e incertidumbres. La hermosa sorpresa está en que, cuando llegan, se encuentran que está abierto. Pensaron lo peor: nos han robado el cuerpo del Señor.
La muerte nos roba su presencia y ahora también nos quitan lo que nos dejó la muerte, su cuerpo.
Habían olvidado sus palabras y su promesas de resucitar al tercer día.
Sorprendidas, apabulladas por lo que sus ojos veían y recordando, ahora sí, lo que el Maestro había dicho, corren a decirlo a los hombres los cuales no quieren creerlas. Será necesario que Jesús se haga presente en varias ocasiones para vencer entendimiento y lógica.
También a nosotros nos pasa igual, manifestamos nuestro amor al Señor, pero nos cuesta creerle y recordar su palabra, su palabra dada. Y es que no es obra o fruto de nuestro pobre entendimiento, sino don, puro don, que el Señor da a los que con amor les buscan venciendo todo miedo.
También nosotros, en el alba de la esperanza y de la fe, hemos de dar el paso, salir a los caminos teniendo que averiguarlos, porque en muchas ocasiones nuestras propias sombras los oscurece.
No se nos va a dar mas que lo que se les dió a las mujeres y a los que acudieron al sepulcro en esa mañana: El sepulcro vacío, la memoria de su palabra y el testimonio de los hermanos que lo han experimentado cercano.
Cristo ha vencido a la muerte, cantamos y proclamamos y nos felicitamos por ello, pero ¿de verdad esto reorienta nuestra existencia, nuestras decisiones, nuestro querer y nuestro quehacer...?
!!!Jesús Resucitado, ten piedad de nosotros y muestranos tu rostro lleno de gloria, de la propia gloria del Padre¡¡¡
¡¡¡Feliz Pascua de Resurrección!!!
Fue en una mañana como la que ya está apuntando cuando las tres mujeres, según nos cuenta el evangelista San Lucas, venciendo todo tipo de miedo, salieron de casa con los ungüentos y los aromas para terminar de preparar el cuerpo de Jesús, aún a sabiendas que no podrían mover la piedra de la entrada del sepulcro.
El amor es quien les pone en camino, el amor es
quien las lleva y les ayuda a vencer miedos e incertidumbres. La hermosa sorpresa está en que, cuando llegan, se encuentran que está abierto. Pensaron lo peor: nos han robado el cuerpo del Señor.
La muerte nos roba su presencia y ahora también nos quitan lo que nos dejó la muerte, su cuerpo.
Habían olvidado sus palabras y su promesas de resucitar al tercer día.
Sorprendidas, apabulladas por lo que sus ojos veían y recordando, ahora sí, lo que el Maestro había dicho, corren a decirlo a los hombres los cuales no quieren creerlas. Será necesario que Jesús se haga presente en varias ocasiones para vencer entendimiento y lógica.
También a nosotros nos pasa igual, manifestamos nuestro amor al Señor, pero nos cuesta creerle y recordar su palabra, su palabra dada. Y es que no es obra o fruto de nuestro pobre entendimiento, sino don, puro don, que el Señor da a los que con amor les buscan venciendo todo miedo.
También nosotros, en el alba de la esperanza y de la fe, hemos de dar el paso, salir a los caminos teniendo que averiguarlos, porque en muchas ocasiones nuestras propias sombras los oscurece.
No se nos va a dar mas que lo que se les dió a las mujeres y a los que acudieron al sepulcro en esa mañana: El sepulcro vacío, la memoria de su palabra y el testimonio de los hermanos que lo han experimentado cercano.
Cristo ha vencido a la muerte, cantamos y proclamamos y nos felicitamos por ello, pero ¿de verdad esto reorienta nuestra existencia, nuestras decisiones, nuestro querer y nuestro quehacer...?
!!!Jesús Resucitado, ten piedad de nosotros y muestranos tu rostro lleno de gloria, de la propia gloria del Padre¡¡¡
¡¡¡Feliz Pascua de Resurrección!!!
sábado, 30 de marzo de 2013
SABADO SANTO: EL DÍA DE LA ESPERA
RESUCITARÁ MI AMOR Y MI ESPERANZA.
En la densa espera que supone el sábado, segundo día en el que Cristo ha muerto, la Iglesia, toda la Iglesia, espera confiada, fiándose de la palabra que su Señor le dió y alienta la esperanza desde la oración y la confianza de que el Padre nos mostrará su gloria a todos, resucitando, levantando de entre los muerto a su amado y querido Hijo, Nuestro Señor Jesucristo.
Se hace necesario que nosotros, como María Magdalena, Juana y María la de Santiago, no durmamos el alba y nos prestemos a salir en la búsqueda del Señor, a pesar del cansancio, para poder ser sorprendidos por la eterna novedad de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
Atrás quedará la cruz del dolor que se convertirá en signo de esperanza y de salvación y nos queda, para el presente y el futuro, lo que ella significa de entrega generosa. Nos queda también, la palabra siempre viva del Maestro sellada con su cuerpo dolido y entregado en el madero, con su sangre derramada y la certeza de que muere con los brazos abiertos y el corazón roto, para seguir siendo fuente de vida para todo el que lo mire y le invoque.
Nos queda algo mas que una memoria de su empeño solidario que le llevó a compartir nuestra condición en todo, menos en el pecado. Nos quedará para siempre la promesa que abre puertas de futuro con un nuevo resplandor y esa certeza de que es fiel y cumple su palabra.
Resucitó mi amor y mi esperanza, pregonará la Iglesia desde los labios de María, aquella que tanto le amo, porque se le perdonó tanto. Energía que invade nuestro corazón para seguir en la brega de cada día, haciendo y recordando, lo que sabemos que al Maestro le agrada. Podremos ya, desde ahí, reiniciar el camino cada vez que nos extraviemos. Sabremos alentar corazones tristes y rotos. Invitados a compartir como el hizo, hace y hará, con cada uno de nosotros. Nos queda eso: El Señor Resucitado y sentado a la derecha del Padre, para interceder por todos y cada uno, impidiendo que no perezcamos ante el mal, porque ya nos ha librado de las garras del pecado y de la muerte.
Por Él, con El y desde El, somos de Dios.
Feliz espera. Feliz vida nueva.
.
En la densa espera que supone el sábado, segundo día en el que Cristo ha muerto, la Iglesia, toda la Iglesia, espera confiada, fiándose de la palabra que su Señor le dió y alienta la esperanza desde la oración y la confianza de que el Padre nos mostrará su gloria a todos, resucitando, levantando de entre los muerto a su amado y querido Hijo, Nuestro Señor Jesucristo.
Se hace necesario que nosotros, como María Magdalena, Juana y María la de Santiago, no durmamos el alba y nos prestemos a salir en la búsqueda del Señor, a pesar del cansancio, para poder ser sorprendidos por la eterna novedad de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
Atrás quedará la cruz del dolor que se convertirá en signo de esperanza y de salvación y nos queda, para el presente y el futuro, lo que ella significa de entrega generosa. Nos queda también, la palabra siempre viva del Maestro sellada con su cuerpo dolido y entregado en el madero, con su sangre derramada y la certeza de que muere con los brazos abiertos y el corazón roto, para seguir siendo fuente de vida para todo el que lo mire y le invoque.
Nos queda algo mas que una memoria de su empeño solidario que le llevó a compartir nuestra condición en todo, menos en el pecado. Nos quedará para siempre la promesa que abre puertas de futuro con un nuevo resplandor y esa certeza de que es fiel y cumple su palabra.
Resucitó mi amor y mi esperanza, pregonará la Iglesia desde los labios de María, aquella que tanto le amo, porque se le perdonó tanto. Energía que invade nuestro corazón para seguir en la brega de cada día, haciendo y recordando, lo que sabemos que al Maestro le agrada. Podremos ya, desde ahí, reiniciar el camino cada vez que nos extraviemos. Sabremos alentar corazones tristes y rotos. Invitados a compartir como el hizo, hace y hará, con cada uno de nosotros. Nos queda eso: El Señor Resucitado y sentado a la derecha del Padre, para interceder por todos y cada uno, impidiendo que no perezcamos ante el mal, porque ya nos ha librado de las garras del pecado y de la muerte.
Por Él, con El y desde El, somos de Dios.
Feliz espera. Feliz vida nueva.
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viernes, 29 de marzo de 2013
VIERNES SANTO.
ESA CRUZ QUE NOS SALVA.
"Hoy te he visto cargando con la cruz, con tu cuerpo marchito como flor. Hoy te he visto cargando con tu cruz por las calles del olvido e incomprensión". Hoy te he visto, cada día te veo, y no me dice nada tu sufrimiento, tu abandono, tu quedar sin fuerzas, tu vivir desorientado, desnortado, tu soledad, tu silencio.
Te he visto como barca a la deriva que las olas zarandean.
"¡Pueblo mío qué te he hecho, en qué te he ofendido, respóndeme!" Si yo solo he puesto el bien en tus manos, de dónde viene tanto olvido, tanta ingratitud, si tú tienes un corazón igual al mío, capaz de amar y entregarse generosamente.
"Miren el árbol de la cruz donde ha sido clavada la salvación del mundo". Venga, vamos, vamos a adorarlo, a aceptarla, vamos a desclavar tantos Cristos que hoy pasan a nuestro lado runruneando su pena y cavilando a ver cómo se saca el día adelante. Busquemos escalera y tenazas para arrancar los clavos que sostienen la vida cosida al dolor... Solidaridad, esperanza, ternura, sinceridad, constancia, fe en la persona.
María, dinos cómo te hiciste con el ungüento con el que lo perfumaste y lavaste los pies del Maestro para nosotros hacer lo mismo y curar tanta herida que amarga la vida.
"Levanta los ojos entorno y mira". Eso, levantemos la mirada, miremos a lo alto y luego alrededor nuestro y descubriremos jóvenes que no han oído hablar más que de placer, de vivir a costa de lo que sea, a costa de perder el mejor regalo: ser hijos del Padre. También descubriremos ancianos que ya lo han dado todo y solo saben esperar dependiendo comprensión, paciencia, ternura, dedicación... Se han cansado tanto de esperar que ya, a veces, no esperan nada, siendo tan poco lo que necesitan, la pena y la amargura se han convertido en su pan cotidiano.
Fuera la indiferencia, fuera la pereza, fuera el egoísmo y la vanidad, levantemos la vida de los niños con respeto, devoción y ternura; la de la mujer manipulada de forma torticera, muñeca de cartón que ha sido abandonada por su dueño y que el agua de la lluvia ha deshecho, le quieren quitar el mejor y mayor don que les ha sido dado: ser madres. Y es que al capital le interesa más el dinero que la vida
Uno de Cirene le ayudó a llevar la cruz porque se caía. Y una mujer, arriesgándolo todo, le limpió el rostro. No podemos quedarnos en la compasión o en la lágrima, hay que actuar, tenemos que olvidarnos de nosotros y pensar más en el otro, en el que sufre con razón o sin ella, en el que ha sido engañado, en el que va dejando la vida a golpe de martillo.
¡Cristo óyenos, Cristo escúchanos! Lo mismo que escuchaste al que moría junto a ti y a quien le devolviste la esperanza. Estamos muriendo clavados a las cruces que nos hemos fabricado y nos ronda la desesperanza.
A veces no sabemos que hacer con nuestra vida ante el dolor y la muerte porque, con frecuencia, nos olvidamos de tu Cruz Salvadora, Jesús. Pensamos que como la nuestra no hay ninguna, a pesar de que no nos salva, sino que nos lleva a la desesperanza porque no hemos dejado que tú, Señor, la compartas. No queremos compartirla contigo.
Ante el dolor, propio o ajeno, con frecuencia nos olvidamos del Padre bueno que nos ama... Le hemos dado la espalda. Es la hora del "acuérdate de mí" y de escuchar la palabra consoladora del Señor cargada de esperanza.
Es la hora del ¡Padre, en tus manos pongo mi vida! En tus manos ponemos la vida, toda vida.
Y con estas manos, con las nuestras y las tuyas, queremos sostener la vida, aliviar la vida, sostener la cruz en alto como signo de salvación y no de condena, como signo de entrega y no de castigo, como signo y señal de tu amor y nuestro amor, como garantía de perdón, reconciliación y rescate. Como garantía de Salvación.
"Hoy te he visto cargando con la cruz, con tu cuerpo marchito como flor. Hoy te he visto cargando con tu cruz por las calles del olvido e incomprensión". Hoy te he visto, cada día te veo, y no me dice nada tu sufrimiento, tu abandono, tu quedar sin fuerzas, tu vivir desorientado, desnortado, tu soledad, tu silencio.
Te he visto como barca a la deriva que las olas zarandean.
"¡Pueblo mío qué te he hecho, en qué te he ofendido, respóndeme!" Si yo solo he puesto el bien en tus manos, de dónde viene tanto olvido, tanta ingratitud, si tú tienes un corazón igual al mío, capaz de amar y entregarse generosamente.
"Miren el árbol de la cruz donde ha sido clavada la salvación del mundo". Venga, vamos, vamos a adorarlo, a aceptarla, vamos a desclavar tantos Cristos que hoy pasan a nuestro lado runruneando su pena y cavilando a ver cómo se saca el día adelante. Busquemos escalera y tenazas para arrancar los clavos que sostienen la vida cosida al dolor... Solidaridad, esperanza, ternura, sinceridad, constancia, fe en la persona.
María, dinos cómo te hiciste con el ungüento con el que lo perfumaste y lavaste los pies del Maestro para nosotros hacer lo mismo y curar tanta herida que amarga la vida.
"Levanta los ojos entorno y mira". Eso, levantemos la mirada, miremos a lo alto y luego alrededor nuestro y descubriremos jóvenes que no han oído hablar más que de placer, de vivir a costa de lo que sea, a costa de perder el mejor regalo: ser hijos del Padre. También descubriremos ancianos que ya lo han dado todo y solo saben esperar dependiendo comprensión, paciencia, ternura, dedicación... Se han cansado tanto de esperar que ya, a veces, no esperan nada, siendo tan poco lo que necesitan, la pena y la amargura se han convertido en su pan cotidiano.
Fuera la indiferencia, fuera la pereza, fuera el egoísmo y la vanidad, levantemos la vida de los niños con respeto, devoción y ternura; la de la mujer manipulada de forma torticera, muñeca de cartón que ha sido abandonada por su dueño y que el agua de la lluvia ha deshecho, le quieren quitar el mejor y mayor don que les ha sido dado: ser madres. Y es que al capital le interesa más el dinero que la vida
Uno de Cirene le ayudó a llevar la cruz porque se caía. Y una mujer, arriesgándolo todo, le limpió el rostro. No podemos quedarnos en la compasión o en la lágrima, hay que actuar, tenemos que olvidarnos de nosotros y pensar más en el otro, en el que sufre con razón o sin ella, en el que ha sido engañado, en el que va dejando la vida a golpe de martillo.
¡Cristo óyenos, Cristo escúchanos! Lo mismo que escuchaste al que moría junto a ti y a quien le devolviste la esperanza. Estamos muriendo clavados a las cruces que nos hemos fabricado y nos ronda la desesperanza.
A veces no sabemos que hacer con nuestra vida ante el dolor y la muerte porque, con frecuencia, nos olvidamos de tu Cruz Salvadora, Jesús. Pensamos que como la nuestra no hay ninguna, a pesar de que no nos salva, sino que nos lleva a la desesperanza porque no hemos dejado que tú, Señor, la compartas. No queremos compartirla contigo.
Ante el dolor, propio o ajeno, con frecuencia nos olvidamos del Padre bueno que nos ama... Le hemos dado la espalda. Es la hora del "acuérdate de mí" y de escuchar la palabra consoladora del Señor cargada de esperanza.
Es la hora del ¡Padre, en tus manos pongo mi vida! En tus manos ponemos la vida, toda vida.
Y con estas manos, con las nuestras y las tuyas, queremos sostener la vida, aliviar la vida, sostener la cruz en alto como signo de salvación y no de condena, como signo de entrega y no de castigo, como signo y señal de tu amor y nuestro amor, como garantía de perdón, reconciliación y rescate. Como garantía de Salvación.
jueves, 28 de marzo de 2013
JUEVES SANTO: ¡OH, BUEN JESÚS!
Hoy es Jueves Santo. Hoy es un día muy especial para toda la iglesia.
Hoy es el día en que todos miramos hacia el altar de forma especial llenos de esperanza porque hoy es un día en el que somos invitados a la intimidad con Jesús, tratando de entrar en su corazón para ahondar en lo que su entrega y opción por el proyecto del Padre, el Reino de Dios, significó para el y lo que debe significar para cada uno de nosotros, para toda la iglesia.
Hoy es el día de la intimidad, del calor humano, de sentir el latir del corazón del Señor, de acercarse hasta el y preguntarle o dejarnos preguntar, de dejarnos lavar los pies para tener que ver con el, como le dijo a Pedro y nos dice a cada uno de nosotros.
Hoy es el día del amor desinteresado y al mismo tiempo realista que se cierne sobre nosotros como autentico don, el amor mismo que llegó a estremecer a Judas o a Pedro y a todos los que estaban presentes en aquella última cena... que nos estremece y purifica.
Hoy es el día del desgarro y de la medicina, del rompimiento y del rehacer, de la entrega y la acogida. Hoy, como dice el salmo, "es el día de la misericordia", del corazón compadecido y acompañante, del que duda y el que se cree fuerte, de la ternura. Hoy es el día del hombre integral que siente la necesidad de darse o de ser acogido, de tender la mano para caminar juntos. El día de los ojos que quieren pero no pueden ver, de los pies a los que les gustaría andar pero que sienten el peso de los grilletes que se lo impiden.
Hoy el es día en que los sordos se han de prestar a oír y de las manos que saben acariciar y de la boca que canta y alaba las grandezas del Señor, porque sabemos, de sobra lo sabemos, que todos, todos, necesitamos de esa entrega, de ese pan entregado, para poder andar por los caminos del Señor con las sandalias del amor y la fidelidad, de la gracia y el perdón, de la humildad y del reconocimiento, de la ternura y la fortaleza, de la paciencia y el abandono. " Hoy es el día del Señor, este es el tiempo de la misericordia".
Es el día del Jesús roto de amor que no quiere dejarnos solos, pero que sabe que el Padre lo llama y ha de hacer ese camino, pero que se queda y no en una simple memoria, sino en Memorial, sereno y acompasado, que sabe encontrar en el dolor de la despedida lo puro y limpio del amor que nunca muere y que se regenera constantemente. Que acepta y se entrega a la muerte a manos de hombres por una doble y total fidelidad. Amor que traspasa
los límites espacio temporales, que es cada vez mas universal y, llegando a ser oferta para el mundo, aunque el mundo lo rechace, se mantiene en la generosidad dando, a aquellos que le aceptan, el don real y concreto de ser hijos de Dios.
Hoy es Jueves Santo, día del amor fraterno y fraternal.
Hoy es el día en que todos miramos hacia el altar de forma especial llenos de esperanza porque hoy es un día en el que somos invitados a la intimidad con Jesús, tratando de entrar en su corazón para ahondar en lo que su entrega y opción por el proyecto del Padre, el Reino de Dios, significó para el y lo que debe significar para cada uno de nosotros, para toda la iglesia.
Hoy es el día de la intimidad, del calor humano, de sentir el latir del corazón del Señor, de acercarse hasta el y preguntarle o dejarnos preguntar, de dejarnos lavar los pies para tener que ver con el, como le dijo a Pedro y nos dice a cada uno de nosotros.
Hoy es el día del amor desinteresado y al mismo tiempo realista que se cierne sobre nosotros como autentico don, el amor mismo que llegó a estremecer a Judas o a Pedro y a todos los que estaban presentes en aquella última cena... que nos estremece y purifica.
Hoy es el día del desgarro y de la medicina, del rompimiento y del rehacer, de la entrega y la acogida. Hoy, como dice el salmo, "es el día de la misericordia", del corazón compadecido y acompañante, del que duda y el que se cree fuerte, de la ternura. Hoy es el día del hombre integral que siente la necesidad de darse o de ser acogido, de tender la mano para caminar juntos. El día de los ojos que quieren pero no pueden ver, de los pies a los que les gustaría andar pero que sienten el peso de los grilletes que se lo impiden.
Hoy el es día en que los sordos se han de prestar a oír y de las manos que saben acariciar y de la boca que canta y alaba las grandezas del Señor, porque sabemos, de sobra lo sabemos, que todos, todos, necesitamos de esa entrega, de ese pan entregado, para poder andar por los caminos del Señor con las sandalias del amor y la fidelidad, de la gracia y el perdón, de la humildad y del reconocimiento, de la ternura y la fortaleza, de la paciencia y el abandono. " Hoy es el día del Señor, este es el tiempo de la misericordia".
Es el día del Jesús roto de amor que no quiere dejarnos solos, pero que sabe que el Padre lo llama y ha de hacer ese camino, pero que se queda y no en una simple memoria, sino en Memorial, sereno y acompasado, que sabe encontrar en el dolor de la despedida lo puro y limpio del amor que nunca muere y que se regenera constantemente. Que acepta y se entrega a la muerte a manos de hombres por una doble y total fidelidad. Amor que traspasa
los límites espacio temporales, que es cada vez mas universal y, llegando a ser oferta para el mundo, aunque el mundo lo rechace, se mantiene en la generosidad dando, a aquellos que le aceptan, el don real y concreto de ser hijos de Dios.
Hoy es Jueves Santo, día del amor fraterno y fraternal.
miércoles, 27 de marzo de 2013
LA DULCE Y CONFORTADORA ALEGRÍA DE EVANGELIZAR
La revista del Arzobispado de La Habana
"Palabra Nueva" que dirige Orlando Márquez, ofrece una transcripción del
manuscrito entregado por el cardenal Jorge Mario Bergoglio al cardenal
Jaime Ortega, donde se recoge la intervención del futuro papa Francisco
en una congregación general antes del Cónclave en que resultara elegido
sumo pontífice de la Iglesia católica.
La dulce y confortadora alegría de evangelizar
Se hizo referencia a la evangelización. Es la razón de ser de la Iglesia. - "La dulce y confortadora alegría de evangelizar" (Pablo VI). - Es el mismo Jesucristo quien, desde dentro, nos impulsa.
1.- Evangelizar supone celo apostólico. Evangelizar supone en la Iglesia la parresía de salir de sí misma. La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias, no solo las geográficas, sino también las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria.
2.- Cuando la Iglesia no sale de sí misma para evangelizar deviene autorreferencial y entonces se enferma (cfr. La mujer encorvada sobre sí misma del Evangelio). Los males que, a lo largo del tiempo, se dan en las instituciones eclesiales tienen raíz de autorreferencialidad, una suerte de narcisismo teológico. En el Apocalipsis Jesús dice que está a la puerta y llama. Evidentemente el texto se refiere a que golpea desde fuera la puerta para entrar... Pero pienso en las veces en que Jesús golpea desde dentro para que le dejemos salir. La Iglesia autorreferencial pretende a Jesucristo dentro de sí y no lo deja salir.
3.- La Iglesia, cuando es autorreferencial, sin darse cuenta, cree que tiene luz propia; deja de ser el mysterium lunae y da lugar a ese mal tan grave que es la mundanidad espiritual (Según De Lubac, el peor mal que puede sobrevenir a la Iglesia). Ese vivir para darse gloria los unos a otros. Simplificando; hay dos imágenes de Iglesia: la Iglesia evangelizadora que sale de sí; la Dei Verbum religiose audiens et fidenter proclamans, o la Iglesia mundana que vive en sí, de sí, para sí. Esto debe dar luz a los posibles cambios y reformas que haya que hacer para la salvación de las almas.
4.- Pensando en el próximo Papa: un hombre que, desde la contemplación de Jesucristo y desde la adoración a Jesucristo ayude a la Iglesia a salir de sí hacia las periferias existenciales, que la ayude a ser la madre fecunda que vive de "la dulce y confortadora alegría de la evangelizar".
La dulce y confortadora alegría de evangelizar
Se hizo referencia a la evangelización. Es la razón de ser de la Iglesia. - "La dulce y confortadora alegría de evangelizar" (Pablo VI). - Es el mismo Jesucristo quien, desde dentro, nos impulsa.
1.- Evangelizar supone celo apostólico. Evangelizar supone en la Iglesia la parresía de salir de sí misma. La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias, no solo las geográficas, sino también las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria.
2.- Cuando la Iglesia no sale de sí misma para evangelizar deviene autorreferencial y entonces se enferma (cfr. La mujer encorvada sobre sí misma del Evangelio). Los males que, a lo largo del tiempo, se dan en las instituciones eclesiales tienen raíz de autorreferencialidad, una suerte de narcisismo teológico. En el Apocalipsis Jesús dice que está a la puerta y llama. Evidentemente el texto se refiere a que golpea desde fuera la puerta para entrar... Pero pienso en las veces en que Jesús golpea desde dentro para que le dejemos salir. La Iglesia autorreferencial pretende a Jesucristo dentro de sí y no lo deja salir.
3.- La Iglesia, cuando es autorreferencial, sin darse cuenta, cree que tiene luz propia; deja de ser el mysterium lunae y da lugar a ese mal tan grave que es la mundanidad espiritual (Según De Lubac, el peor mal que puede sobrevenir a la Iglesia). Ese vivir para darse gloria los unos a otros. Simplificando; hay dos imágenes de Iglesia: la Iglesia evangelizadora que sale de sí; la Dei Verbum religiose audiens et fidenter proclamans, o la Iglesia mundana que vive en sí, de sí, para sí. Esto debe dar luz a los posibles cambios y reformas que haya que hacer para la salvación de las almas.
4.- Pensando en el próximo Papa: un hombre que, desde la contemplación de Jesucristo y desde la adoración a Jesucristo ayude a la Iglesia a salir de sí hacia las periferias existenciales, que la ayude a ser la madre fecunda que vive de "la dulce y confortadora alegría de la evangelizar".
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