sábado, 31 de octubre de 2026

LA PALABRA DEL DOMINGO . DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO . CICLO A. SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS.

DESEMPOLVANDO LA SANTIDAD.

    Nos reunimos este fin de semana, como es habitual entre nosotros, para celebrar la eucaristía; en esta ocasión para celebrar  la santidad de Dios que entre nosotros ha ido tomando cuerpo y se ha ido haciendo patente: celebramos el Día de Todos los Santos.

La Santidad es la llamada que el Señor nos hace, con la que nos invita a seguirle. La santidad es vivir en y desde el Misterio Trinitario y movernos desde ahí; actuando como hijos de Dios, como hermanos en el Hijo y colmados  de Espíritu.

 Hemos de ir labrando la santidad en el día a día aceptando lo que la vida es y significa, sin volver la espalda a la realidad de cada momento porque es ahí y solo desde ahí, desde donde Dios se nos manifiesta, donde lo conocemos, desde donde se hace entender y desde donde nos habla, porque el mundo sigue siendo la casa de Dios, el mundo es de Dios, es su obra y no del hombre. 

En esta tarea somo invitados a ser testigos, si, testigos de la cercanía de Dios y que tantas veces, no atinamos a descubrir entre las sombras de los acontecimientos  y derroteros  por los que llevamos nuestra convivencia y relaciones que oscurecen esta realidad amada por Dios .

Otras veces andamos en la ensoñación de  pensar  e inclusive creer, que el mundo es nuestro y  nos movemos desde ahí. El mundo no es nuestro y Dios es, Dios está y sigue actuando. Dios no está muerto aunque algunos quieran sustituirle  y ocupar su lugar el es y sigue manifestando su amor al hombre y quiere nuestra colaboración, la de todos y en la medida que  eso se vaya realizando iremos encontrando sentido y razón a nuestra existencia: a nuestro nacer, vivir y al morir y con nosotros, toda la creación.

Dios sigue llamando, como ha hecho siempre, a descubrir en su amistad  la santidad, en esa su presencia que acarrea felicidad, a vivir en la comunión con el y entre todos, compartiendo, perdonando y no en el poder que humilla ni en el egoismo que lleva a enfrentamientos e inclusive a arrebatarnos la misma razón de vivir; lo mas preciado, que es nuestra vida. El texto del evangelio es una llamada a nuestro interior,  a salir de nuestras pobrezas acercándonos a la debilidad del otro y compartirnos.

  La Bienaventuranzas están pronunciadas para ser respuesta al dolor y al sufrimiento propio y del mundo y son  puestas en nuestras manos para  que aprendamos a salir del atolladero en los que nos solemos meter sabiendo construir una escalada de encuentro en rompimiento y en busca del amor . Las Bienaventuranzas han de anular la dinámica del dolor y del egoismo, del odio y la guerra, del enfrentamiento y la discordia, del tú más que yo. Las Bienaventuranzas son  la propuesta de Jesús para la paz del mundo, para nuestra paz y siguen siendo validas y no podemos andar por otros caminos que no sean esos. Nuestro camino es el que nos señala el Señor que nos envía a ser portadores de Buena Noticia y no hay otro . Ese es el camino de la santidad: " Vayan por el mundo ."

Hoy mas que nunca la Iglesia  ha de apostar por la santidad  teniendo bien  claro que es algo constitutivo de su condición. Somos de Hijos de Dios y esto nos define  y nos coloca  frente al mal y al lado de la gracia y la misericordia. Ese es nuestro sitio aunque muchas veces no estemos en el.

 ¡¡Feliz día de Todos los Santos.!!

 José Rodríguez Díaz. 



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