sábado, 15 de agosto de 2015

Francisco: “Los divorciados vueltos a casar no están excomulgados y forman parte de la Iglesia”

El Papa retoma las audiencias generales de los miércoles y llama a “no tener nunca las puertas cerradas”, porque “todos podemos participar” en la vida de la comunidad.
   Después de la pausa estiva, el Papa Francisco presidió este 5 de agosto la audiencia general de los miércoles ante miles de peregrinos reunidos en el Aula Pablo VI del Vaticano. Durante su catequesis retomó las reflexiones sobre la familia y abordó “la situación de los que tras la ruptura de su vínculo  matrimonial han establecido una nueva convivencia, y a la atención pastoral que merecen”.
El Obispo de Roma recordó que “la Iglesia sabe bien que tal situación contradice el sacramento cristiano, pero con corazón de madre busca el bien y la salvación de todos”.
Por este motivo la Iglesia “animada por el Espíritu Santo y por amor a la verdad, siente el deber de «discernir bien las situaciones», diferenciando entre quienes han sufrido la separación y quienes la han provocado”.
“Si se mira la nueva unión desde los hijos pequeños vemos la urgencia de una acogida real hacia las personas que viven tal situación”, explicó el Papa quien preguntó: “¿Cómo podemos pedirle a estos padres educar a los hijos en la vida cristiana si están alejados de la vida de la comunidad? Es necesario una fraterna y atenta acogida, en el amor y en la verdad, hacia estas personas que en efecto no están excomulgadas: ellas forman parte siempre de la Iglesia”.
Al finalizar, el Papa recalcó que no hay “recetas sencillas” pero insistió en que “es preciso manifestar la disponibilidad de la comunidad y animarlos a vivar cada vez más su pertenencia a Cristo y a la Iglesia con la oración, la escucha de la Palabra de Dios, la participación en la liturgia, la educación cristiana de los hijos, la caridad, el servicio a los pobres y el compromiso por la justicia y la paz”.
Durante sus saludos a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica, el Papa recordó la memoria litúrgica de la Dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor y confío “a la Madre de Dios a todas las familias”.

André Frossard, el hombre que se encontró a Dios

Al subir unos viejos tramos de escaleras encontró una capilla, en la que vio a unas monjas rezando; por alguna razón inexplicable, se detuvo en ella.


En el mes de julio se cumplieron ochenta años de uno de los más extraordinarios hechos de índole mística que un ser humano haya relatado nunca. Corría el verano del año 1935 y, en una pequeña capilla del centro de París, Dios tomó de la mano a un ateo radical para mostrarle una pequeña porción de esa realidad última que es Él mismo. El joven, entonces de veinte años, quedó tan estupefacto que jamás se recuperó del susto.
Ateo perfecto
Para André Frossard, Dios no era más que un producto a medio camino entre la estupidez y la superstición. La ciencia, en su avance imparable, había desnudado las absurdas pretensiones religiosas sobre la Creación, así que André no consideró siquiera la posibilidad de que sus padres errasen al educarle en un ambiente militantemente adverso a toda inquietud espiritual.
El pequeño André creció huérfano de navidades, de relatos piadosos y de oraciones al acostarse. Su madre era una atea de origen protestante y su padre, Oscar Frossard –judío-, un destacadísimo socialista que encabezó la adhesión a Moscú de una parte importante del Partido Socialista, convirtiéndose nada menos que en el primer secretario general del Partido Comunista francés.
El joven negaba, por principio y a modo de tradición familiar, la existencia de verdad alguna. Pero si, en un rapto de locura, hubiera tenido que admitir la posibilidad de que aquella existiera, la Iglesia habría sido el último lugar al que habría ido a buscarla, pues “a la Iglesia sólo la conocía a través de alguna de sus chapuzas temporales”. El ateísmo de Frossard no consideraba a Dios sino como el espejismo de un mundo oscuro; en pleno siglo XX, la luz de la ciencia deshacía el hechizo de milenios de infancia intelectual.

La Luz

Con esos veinte años, el joven Frossard marchó a París a probar suerte en el periodismo. Entró en nómina de un diario socialista, en el que hizo un amigo que resultó ser católico y con el que mantuvo encendidas discusiones. Al calor de aquellas disputas, Frossard fortalecía su convencimiento contrario a toda religión. Sin embargo, y contra toda probabilidad, la amistad entre ellos se consolidó con rapidez.
Vagaban juntos por la ciudad, visitando los rincones del cosmopolita París de los años treinta. Como tantas otras veces, una tarde del mes de julio de 1935, en el centro mismo de París, André aguardaba a su amigo en un coche. Este había entrado en un portal, y se dirigió a uno de los pisos para hacer un recado. Durante unos minutos, André aguardó, paciente.
Pero, de pronto, sintió la necesidad de ir a buscarle. Abandonando el coche, se dirigió al portal. Al subir unos viejos tramos de escaleras encontró una capilla, en la que vio a unas monjas rezando; por alguna razón inexplicable, se detuvo en ella. Su mirada se trasladaba de una parte a otra del recinto, sin reparar en nada en particular cuando, ignorante de su significado, André fijó su atención en los cirios que escoltaban lo que tampoco sabía era el Santísimo. En ellos quedó fijo.
Fue entonces cuando se abrió “un mundo distinto, de un resplandor y una densidad que arrinconan al nuestro a las sombras frágiles de los sueños incompletos”. Fue como el desgarrón en un toldo que ocultaba el cielo; Dios le había conducido a latitudes ignotas. “Él es la realidad (…) hay un orden en el universo, y en su vértice, la evidencia de Dios, la evidencia hecha presencia de Aquél a quien yo habría negado un momento antes y a quien los cristianos llaman Padre nuestro…”.
Lo que contempló Frossard resulta tan difícil de explicar que ni él mismo pudo hacerlo adecuadamente (“el pintor al que le fuera dado entrever colores desconocidos ¿cómo los describiría?”), aunque sí supiera trasladarnos maravillosamente sus consecuencias. El ateo sin fisuras se transformó en un católico de pies a cabeza. A través de su experiencia mística, Dios había sembrado en su alma los principios del catolicismo hasta el punto de que todo lo que le fue enseñado por los sacerdotes en adelante le resultó sabido (pese a no haber oído nunca antes hablar de ello).
Su excursión le dejó estupefacto: le había sido concedida la contemplación de la realidad última, un mundo distinto a todo lo conocido: “…yo lo he visto alzarse más bello que la belleza, más luminoso que la luz (…) es un mundo de una plenitud y de una densidad prodigiosas (…) hacia ese mundo, donde tiene lugar la resurrección de los cuerpos, todos nos dirigimos.” Y no se trata de una realidad espectral, sino todo lo contrario: “No entraremos en una forma etérea, sino en el corazón de la vida misma, y allí experimentaremos esa inaudita alegría multiplicada por el misterio central de la efusión divina…”

El valor de un testimonio

No podrán esta vez los descreídos justificar en la ignorancia de una adolescente y analfabeta pastorcilla la razón de tan sobrenatural avistamiento. Y no podrán porque, para los más escépticos, habrá que recordar que nuestro buen Frossard resultó ser un intelectual muy familiar en la Francia de la segunda mitad del siglo XX, durante tres largas décadas a cargo de una de las páginas más afamadas de Le Figaro. Miembro de la Academia Francesa, no se decidió a publicar hasta 1969 su rapto místico, casi treinta y cinco años después de ocurrido y cuando arreciaba en Occidente el desesperanzado huracán existencialista.
La sobrecogedora experiencia de Frossard no tuvo nada de alucinógena, ni pudo deberse a una conjunción ocasional de factores; de hecho persistió, si bien con decreciente intensidad, durante un mes. André jamás se recuperó de su sorpresa, hasta el punto de escribir, un poco juguetonamente; “Sé la verdad sobre la más disputada de la cuestiones: Dios existe. Yo me lo encontré…”
Sí, se lo encontró justamente cuando no iba en Su búsqueda. Y quedó prendado de aquella “dulzura no semejante a ninguna otra”, como ningún amor humano lo puede: “Amor, para llamarte así, la eternidad será corta”.

MISCELANEAS

Miles de rostros de esclavitud infantil bengalí


Niños con apenas 13 años que trabajan en condiciones de esclavitud, para ayudar a sus familias que apenas tienen trabajo para subsistir.

El derecho humano a la vida, a una vida digna para toda persona


La Iglesia chilena ante el proyecto de despenalización del aborto
Mensaje de la Conferencia Episcopal de Chile en torno al proyecto de ley sobre despenalización del aborto

Violencia en Venezuela: 25000 muertos en 2014


"Carlos es el segundo hijo que debo enterrar por la delincuencia", dice Jorge. Una familia entre tanto dolor y sufrimiento del pueblo de Venezuela.

sábado, 8 de agosto de 2015

LA PALABRA DEL DOMINGO

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO B.
Jn.6,41-52


Mucho mas que un simple pan.


        La semana pasada daba la impresión de que Jesús provocando en los judíos el deseo de  tener el pan de vida y su correspondiente declaración como tal, quedaba zanjada la cuestión, pero en este domingo vemos que no ha sido así, que ellos siguen erre que erre, ahora con su origen y con su familia. Pero, ¿como puede decir este - se preguntan - que ha bajado del cielo si nosotros conocemos a todos los suyos, a su padre José y a todos los demás de su parentela? No puede ser, se decían. Es un farsante y embaucador.
Estas preguntas que se hacen los judíos, las aprovecha Jesús con toda serenidad para hablar de su relación con el Padre Dios: " el Padre que me ha enviado"

  Y va, poco a poco, desvelando su relación con Dios Padre:  Nadie viene a mi si el Padre no lo ha enviado, por un lado  y  nadie va tener la vida eterna, la que da el Padre si no vienen a mi y escucha mi voz, por el otro.
Termina el texto insistiendo en lo que ya le hemos oído decir: " Yo soy el pan de vida". Pan que baja del cielo de forma que el coma de el no muera, sino que tenga la vida eterna. " Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo".
Nos quedamos con  lo que Jesús  dice, pero también  con las dudas de los  que comieron el pan que se les dió como anticipo de este otro pan del que ahora les habla  y que es él mismo.
 Nos quedamos con todo ello y descubrimos que  con respecto a Jesús  este es el problema que el hombre de hoy tiene. ¿Realmente Jesús es el hijo de Dios? No hay dificultad para aceptarle como  regalador de milagros, eso lo puede hacer mucha gente, pero que se proclame y sea realmente el enviado de Dios, el que tenga la última palabra sobre Dios, el Hijo de Dios... Eso, es otro cantar.
Esto, con un poco que escarbemos, lo descubrimos  en nuestras parroquias y entre nuestros agentes de pastoral, e inclusive en algunos sacerdotes, ( este es el problema que expresan los judíos) es así.
 No podemos cerrar los ojos a esta realidad y se  hace necesario  estar al tanto en lo que respecta a la formación de nuestros cristianos y de nosotros mismos. No podemos, con los tiempos que corren, darlo todo por dicho, sabido o hecho, siempre hay algo que  aclarar, siempre hay algo  que subrayar, siempre hay algo que aprender o refrescar. Y sobre todo, la oración y la atenta escucha de la Palabra y la atención al Espíritu Santo.


    Por otro lado, lo que esta pasando en Oriente Medio y en Asia con nuestros hermanos en la fe,   ¿no nos deberia impeler a  caminar  con fidelidad, mas fiel si se quiere y valga la redundancia y con un testimonio mas transparente, al darnos cuenta y  pensar, que esos hermanos, dando la vida por Jesucristo, nos están reclamando con su entrega  un testimonio digno que les haga merecedores de nuestro respeto? El testimonio  no es otro mas que : Jesús es el Hijo de Dios vivo. Jesús es el Señor
Así y solo así:
 " El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo"
Porque es fuente de reconciliación, de perdón  y de amor compartido entorno a una mesa de hermanos.

Combato los abusos a los niños por fidelidad al Evangelio.

 La obra de un heroico y profético sacerdote italiano, Fortunato Di Noto.

 Fortunato Di Noto es un sacerdote del sur de Italia que ha creado y dirige desde hace 25 años la Associazione Meter, dedicada exclusivamente a perseguir los abusos a los niños, desde que un joven de su parroquia se suicidara por no poder superar el trauma de haber sido abusado. En los últimos años, se ha distinguido por su lucha contra la pedopornografía en internet, hasta el punto de que asesora a la Policía italiana para perseguir este delito. Aquí sus palabras:

Denuncio, denunciamos, y denunciaremos a cualquiera que ofenda, abuse, viole o maltrate y abandone a un pequeño, un débil, un vulnerable. Lo pide el Evangelio y la gran y fecunda tradición profética y de la viva y verdadera predicación de Jesús y de la comunidad creyente y redimida cristiana.
¿Deber moral o jurídico?
La denuncia no está contra el Evangelio. Digo esto porque, después de 25 años de denuncias, se me ha dicho que un cristiano, un sacerdote y un obispo no están ‘obligados’. Por experiencia declaro que la denuncia ha salvado a muchas personas. No solo denuncia sino acompañamiento de la víctima, de la familia y si hay ocasión, también la posibilidad para el reo: justicia, acompañamiento y curación.
Las nuevas formas de esclavitud, in primis la pedofilia, y detrás la explotación de menores, el tráfico de seres humanos, el trabajo forzado, la prostitución, el comercio de órganos son crímenes gravísimos, una herida en el cuerpo de la humanidad contemporánea. Deben ser denunciados con firmeza y sin dar un paso atrás, aun a riesgo de la integridad personal o ‘estructural’ de quien denuncia. ¿Cómo no levantar la voz, cómo someterse al silencio connivente tras una obligación o no obligación jurídica?
Papa Francisco y antes Benedicto XVI han exhortado muchas veces – sin tantos prejuicios ni autodefensas – a que, siguiendo el mensaje de redención del Señor, estamos llamados a denunciar y a combatir “este nuevo mal”.
Omitir una denuncia, cuando es verdadera y comprobable, no ayuda a nadie. No favorece la conciencia del mal y consiente que el mal prolifere y se difunda. Se quiere ocultar porque es escandaloso, “política y religiosamente incorrecto”.
La autoridad de las palabras del Papa Francisco – que superan las consideraciones que podrían desarrollarse – son una revolución cultural, una advertencia y una praxis indicativa para quien es víctima y para quien debe tutelar a las víctimas.
El Papa no se echó atrás al decir que hay que “denunciar”, de hecho decía que: se debería buscar las modalidades más idóneas para penalizar a cuantos se hacen cómplices de este mercado inhumano. Debe aumentar el conocimiento de las autoridades civiles sobre esta tragedia que constituye una regresión de la humanidad.
Muchas veces estas nuevas formas de esclavitud están protegidas por instituciones que deberían defender a la población de estos crímenes (cfr. Discurso a la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales sobre Trata de Personas, 18 abril 2015). No solo estas nuevas formas de esclavitud son protegidas y escondidas por las instituciones civiles, sino también por las religiosas. La historia reciente sobre al escándalo de la pedofilia ha confirmado, tristemente, esta tendencia.
La experiencia de quienes están de la parte de las víctimas ha demostrado que si no denunciamos y señalamos con “fuerza subversiva” – a pesar del intento del ‘clan’ de sofocar el escándalo, de censurar lo ocurrido – a alguien en nombre de Dios, cuesta romper el silencio y narrar las historias de abusos que están en la sociedad sofocadas por el ‘poder’.
Los perdedores de la historia, los que no tienen voz, imaginad los recién nacidos abusados (non solo sexualmente): han encontrado hospitalidad en la Biblia, y sus historias ya han sido recogidas y narradas para indicarnos un camino posible a recorrer: las historias de abusos, aunque se escondan, tienen una fuerza subversiva, aunque parezca que se censuran. No hablar de ellas para no crear escándalo, ¡qué perspectiva negativa en la abominación que sufren los pequeños!
Dios, en Jesucristo su hijo, es garante y defensor del grito sofocado de los inocentes. Quizás lo olvidamos muchas veces. Sobre todo, existe el riesgo de que lo olviden los que están llamados a llevar a cabo un oficio (un servicio) había el pequeño pueblo. Quizás olvidamos que debemos ser capaces de arrancar del olvido los testimonios incómodos y no borrarlos para ‘dormir sueños tranquilos’.
No duermo desde hace décadas. Y seguiré denunciando porque quiero ser fiel al Evangelio, para morir con la alegría de haber salvado al menos a uno de esos pequeños violados. De haberlo liberado de la esclavitud. Y advertir, a quien ha cometido tales abominaciones, que también para él, si lo pide, hay una redención, un rescate… una nueva vida.

Europa y sus vergüenzas

 Europa convertida en un muro inexpugnable de insolidaridad, continúa arrinconando a los inmigrantes empobrecidos, en el mar, en la tierra o en los pasos fronterizos como el de Calais.


El primer ministro británico, David Cameron, ha advertido de que los inmigrantes irregulares serán expulsados de Reino Unido “para que la gente sepa que no es un refugio seguro”. Cameron dijo que la situación es “muy complicada” porque hay “un enjambre de personas que cruza el Mediterráneo en busca de una vida mejor”. “Enjambre” al que el Imperio Británico ha robado a manos llenas, con y sin la Unión Europea.
El ministro de Comunidades, Greg Clark, adelantó que la próxima ley de Inmigración, que se tramitará tras el receso veraniego, obligará a los caseros a expulsar a los inquilinos que estén en situación irregular. Según estas medidas, los propietarios de inmuebles tendrán que asegurarse en primera instancia de que no alquilan su propiedad a personas sin derecho a residir en el Reino Unido.
Otra “joya” de la política europea ha sido la de Theo Francken, secretario de Estado de Asilo y Migración del Gobierno de Bélgica, que ha cuestionado los recursos de los inmigrantes y solicitantes de asilo que duermen en la calle en Europa, ya que "han pagado 10.000 euros" para llegar hasta aquí y ahora "no tienen 50 euros para pagarse una habitación en un hotel", criticó. En una entrevista con la emisora VRT, Francken ha dado su particular explicación sobre el motivo de que varias decenas de inmigrantes hubieran pasado la noche en la calle.

Francisco, a los jóvenes: "Vosotros sois señales de esperanza, de alegría en la Iglesia, en el mundo"

"La Eucaristía no es un ritual, ni una ceremonia. Es Jesús que dio su vida por mí"

 "Frente a tensión, diálogo; en el conflicto, respeto y diálogo ¡¡Coraje y adelante!!"

  "Había escrito unas cosas, pero no las voy a leer. Esto que digo sale del corazón en este momento". Así concluyó Francisco su diálogo con 1.500 jóvenes pertenecientes al Movimiento Eucarístico Juvenil, que cumplía su centenario. En la sala Pablo VI, Francisco improvisó respuestas a varias preguntas de chicos y chicas de todo el mundo, sobre su experiencia, la búsqueda de Jesús o la memoria de Cristo en la Eucaristía. "He pensado en estas palabras -resumió-. Frente a tensión, diálogo; en el conflicto, respeto y diálogo; el encuentro con Jesús da paz, estupor, alegría; profundizar en la Eucaristía como memoria de lo que ha hecho Jesús. Y caminar hacia adelante.

Con un joven indonesio.

En el mundo hay tantas cosas por hacer: están en guerra, pero hay tantas cosas bellas, cosas buenas, hay tantos santos. Dios está presente y hay tantos motivos de esperanza para seguir hacia adelante... ¡¡Coraje y adelante!!"