sábado, 2 de mayo de 2026

LA PALABRA DEL DOMINGO. QUINTO DOMINGO DE PASCUA. CICLO A.

 CONOCER AL PADRE.

El texto del evangelio de esta semana es el capítulo 14 de San Juan. Estamos en el ámbito de la Última Cena y en donde Jesús pide a los discípulos que no pierdan la calma, que crean en Dios y también crean en el. Sabe muy bien lo que se les avecina y les prepara para ello. Jesús les habla de su vuelta al Padre, de su despedida, les prepara para cuando se vean solos y ante el posible desconcierto, echa mano de la fe y la confianza y de todo lo que con el han aprendido.

 Tomás es el que abre la espita mostrando su desorientación e ignorancia cuando dice que no saben a donde va y por tanto tampoco del camino del que les habla. Hay algo interesante en la respuesta que Jesús le da pues identifica el conocimiento de su persona con el conocimiento del Padre y por tanto, le dice, conociéndome a mi ya lo conoces a El. Pero esto no convence.

   Interviene Felipe, que busca la efectividad y eficiencia pero sin terminar de enterarse de que va el asunto y le pide que les muestre al Padre y que eso será suficiente. No se ha percatado aún de que mostrar al Padre, conocer al Padre significa actuar, significa compromiso, entrega total y absoluta; aún no se ha enterado de que el conocimiento del Padre no se queda en un simple saber, sino que está imbuido de un actuar profundo y desde lo mas radical del corazón, que embarga toda la vida y cada día. Ese es el conocer del que les habla Jesús y no el que Felipe pretende y que puede quedar con facilidad en un “si te vi no me acuerdo.”

Jesús lleno de paciencia vuelve a la carga y subraya lo que ya viene diciendo, pero ahora con mas abundancia de detalle en lo que respecta a su relación con el Padre y con ellos, para terminar remitiéndoles a las obras que hace si es que tanto les cuesta aceptar su palabra, como a si parece.

El tema va por centrarse en creer en Jesús que es como termina el texto cuando dice: “ Os lo aseguro: el que cree en mí, tambien el hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.” Pero antes ya le ha declarado que sus obras, las que el hace, son las obras del Padre que actúa en el: “El Padre que permanece en mí, el mismo, hace las obras.” les ha dicho.

   Así que Jesús se va al Padre y nos deja el encargo de su obra en el mundo. Obra que estamos llamados a realizar sin perder la calma, creyendo en Dios y creyendo en el. El se va al Padre para prepararnos sitio; esto a su vez nos da la oportunidad de mostrarle nuestra fe y adhesión con nuestra vida y con nuestro trabajo, con nuestra entrega y la guarda de su memoria y su amor.

Yendo un poco más allá, decimos: la comunión con Jesús, el creer en Jesús, el estar con el; es estar en comunión, creer, y estar en Dios, con Dios, desde Dios. Desde ahí nuestra vida está llamada a ser obra de Dios en el mundo cuyo centro es la entrega amorosa que da sentido y razón a toda la creación y la existencia, porque sigue siendo obra de amor generoso y desinteresado; es la obra de Dios. Por tanto, todo lo que nos aparte de ese amor, eso es el pecado, porque nos aparta del mismo Dios, de su obra, de su ser esencial que es el amor.

   Desde ahí podemos entender con mas amplitud cuando dice eso de: “ Yo soy el camino, y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocieras a mí, conoceríais también a mi Padre”.

Así que ya sabemos el camino, lo conocemos y lo hemos visto. Ahora se trata de poner manos a la obra y no andar con miedo ni intentando recortar el compromiso con remilgos que no llevan mas que al desencanto y a la culpabilidad.

¡¡Feliz quinto domingo de Pascua !!

José Rodríguez Díaz.

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