La esperanza renació en Matabele, en el sur de Zimbabue, una tierra ventosa y árida, silenciosa y cuyos habitantes habían perdido la esperanza cuando la pandemia del VIH y SIDA alcanzó su ápice en África. Sor Ludbirga Schumacher se conmovió por la situación y, con la ayuda de muchas otras monjas que siguieron sus huellas, fundó el Centro Sketimpilo.
Sor Christine Masivo, CPS
El Centro Sketimpilo, gestionado por las Hermanas Misioneras de la Preciosísima Sangre dirigido por sor Felistar Dube, CPS, sirve como centro de renovada esperanza. Su nombre significa “elegir la vida”, un lema que es vivido cada día en el centro.
Fue fundado en 1998 por sor Ludbirga Schumacher, CPS, de origen alemán, durante los días más oscuros de la historia de Zimbabue, cuando el VIH y el SIDA golpearon, dejando huérfanos, enfermos, rechazados y marginados. Muchas personas habían perdido la esperanza y el estigma era más fuerte que la compasión.
Un tronco brota de nuevo
Sor Ludbirga vio la necesidad de sostener niños marginados, pobres y vulnerables, así como a los adultos que han sido infectados y contagiados.
Reunió grupos y formó donantes de comunidad, organizó visitas a domicilio y empezó a devolver la dignidad donde se había perdido. Su misión es recordar a aquellos que luchan con la enfermedad que sus vidas todavía tienen un valor, a pesar de la estigmatización y la segregación que afrontan en la comunidad.
La esperanza renació, y un tronco seco del que surgen nuevos brotes se ha convertido en el símbolo del proyecto, indicando que la vida es posible también en la devastación. Hoy, más de dos décadas después, sor Felistar lleva adelante esta misión con la misma valentía.

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