sábado, 9 de mayo de 2026

LA PALABRA DEL DOMINGO. DOMINGO SEXTO DE PASCUA. CICLO A.

LA REVOLUCIÓN DEL AMOR.

El texto del evangelio de este domingo sigue perteneciendo al capítulo 14,15-21 del Evangelio de Juan en su relato de la Ultima Cena del Señor, en el momento de la despedida y en donde Jesús promete a los discípulos, además de invitarles a permanecer en el amor, promete, digo, el Espíritu Santo que también estará presente y les acompañará en la misión que ellos han de iniciar. Una misión que  ellos con su sola fuerza no van a poder llevar a cabo y que va a ser revolucionaria, porque consiste en una propuesta de vida que es ajena a lo que el mundo suele ofrecer al hombre, es algo que está llamado a renovarlo todo a cambio de paz, armonía y esperanza. Ahí su originalidad. Su dinámica es, nada mas y nada menos, que la del amor. El amor siempre ha sido revolucionario.

Jesús no da otra arma a sus discípulos para salir al mundo mas que el arma del amor y con ella se han de valer y apañar; esto exige una entrega generosa que muchos van a entender, otro no.

El amor siempre ha sido capaz de ponerlo todo de revés; mal usado muchas veces, manipulado otras, incomprendido, agredido por nuestras torpezas pero no por ello perdiendo su esencia de novedad exigente y reclamo de pureza y verdad que lo hace tan válido. Solo el amor nos salvará y salvará al mundo y no hay otra arma ni otro método capaz de ello.

Jesús también habla del misterio Trinitario muy unido a lo que venimos comentando. Misterio al que estamos encaminados y en el que hemos de sumergirnos y que nos permitirá estar, vivir y actuar en desde y por Dios, en el mundo, como hizo Jesús. Todo ello mezclado con lo que es la frugalidad de la vida, el devenir de los días y en muchas ocasiones, la inconciencia, el dolor del hombre o la banalidad de sus actos.

La Promesa de Jesús es clara cuando nos dice que no nos dejará desamparados, que nos iluminará para que podamos entrar en la inteligencia del misterio de Dios y en la comunión con el hombre. Nos invita a aceptar y cumplir sus mandamientos como prueba de nuestro amor y adhesión hacia el y como camino a seguir.

Ese amor que nos pide, del que nos habla y del que nos ha mostrado el camino está llamado a cambiar toda nuestra existencia, a dar sentido a lo absurdo, a poner vida donde hay muerte, a renovar constantemente nuestros buenos deseos provocando una entrega, tan aparentemente descabellada, como fue la suya. Ese amor quiere ser la revolución en nuestra existencia con un cambio de perspectiva hacia un horizonte que ni imaginamos.


    Será vivir en la conciencia real, total y absoluta de ser morada, casa, lugar, donde habita el mismo Dios Uno y Trino ( 1Cor. 6,19 ) y ahí la fuerza y la presencia del misterio Trinitario en nuestra vida, morando en nosotros y de ahí nacerá el hombre nuevo que estamos llamados a ser.

¡¡ Feliz Domingo Sexto de Pascua !!

José Rodríguez Díaz.

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