sábado, 6 de junio de 2026

SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO.SOLEMINIDAD. CICLO A.

 ELIGE AMAR.

                         ELIGE COMUNIDAD.

UN TOQUE DE DIVINIDAD.

    Los textos que se nos ofrecen para celebrar la fiesta de hoy nos hablan de la importancia de no olvidar el pasado, de la necesidad de refrescar la memoria, de darnos cuenta de que todo lo que hemos vivido conforma y configura nuestro presente. En la primera lectura que es del libro del Det 8, 2 ss. Moisés invita al pueblo a recordar, a no olvidar los beneficios que ha recibido por parte del Señor a lo largo de toda su existencia. San Pablo, en la segunda lectura que es de la carta que escribe a los de Cor.10,16-17, les recuerda la última Cena y el compromiso adquirido con el Señor y los hermanos, compromiso que se renueva cada vez que en fraternidad comparten el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Por último, el evangelio que es de San Juan ( 6.51-59 ) nos trae el discurso del pan de vida en donde Jesús se muestra y ofrece como el que alimenta y da la vida eterna.

La importancia del recuerdo, de la memoria, de guardar e interiorizar la acción y el acontecer de Dios en la historia en nuestro corazón, como nos dice Lucas que hacia María, esta ahí y lo sabemos,  nos ha de ayudar a  comprender y saber seguir esperando sin desfallecer ante un presente que muchas veces se nos escapa y no entendemos. En otras palabras: la certeza de la fidelidad de Dios que descubrimos en el pasado nos ha de ayudar a entender y afrontar la realidad de cada día, en el presente que tantas veces se muestra oscuro, amenazante e irreductible.

    La memoria de Dios y de su acción, eso es lo que está latiendo en el fondo de todo que además de otras cosas nos habla también de cuidados, de vida, de alimento... de pan que da la vida. eso es lo acabamos de comprobar en las tres lecturas que hemos proclamado. Ahí es donde entra nuestra celebración de hoy, ahí la fiesta. Celebramos a Cristo que nos sostiene en la vida, y al igual que el hace con todos y cada uno de nosotros, también nosotros estamos llamados ha hacerlo entre nosotros y con los que no se consideran nuestros. La fiesta es para todos. Es esta una fiesta de la universalidad del amor de Dios que se nos da para que nosotros nos demos y dándonos nos realicemos como miembros en la misma vida de Dios.

Desde todo lo dicho descubrimos que: el fruto de la eucaristía ha de ser  una clara conciencia de unidad de vida y afecto entre nosotros y Dios, entre nosotros mismos y entre nosotros y los que no están con nosotros. No en vano el lema de Cáritas este años es " Elige amar. Elige comunidad " Eso es lo que se nos propone, lo que celebramos hoy y no porque ya lo tengamos en plenitud, pues aun nos queda camino por hacer, sino que se ha de ejercer como reclamo y acicate que nos recuerde y nos lance hacia adelante, que nos espolea para que no nos conformemos con lo que tenemos.

Esta relación con Cristo Eucaristía  ha de empujarnos mas y mas a buscar la intimidad con Dios, sin apartarnos de los otros y del mundo. La meta es: la fraternidad con los hermanos y la solidaridad con todos los hombres; esto nos hace imagen de Dios e hijos en el Hijo que dejándose llevar por el Espíritu Santo conforman y, valga el atrevimiento, y completan la intimidad de Dios. Se trata de recrearnos como hombres y mujeres de fraternidad reinventando al Hombre Nuevo desde espacios de comunión e impulsando senderos desconocidos de encuentro. Nadie puede ser extranjero ni extraño en nuestra vida bien sea individual o colectivamente. Somos imagen de Dios; Dios es amor y el amor a nadie pone barreras. Esto es la fiesta de hoy. La fiesta del hombre - Dios que entregado nos alimenta, nos habla, nos regala la imagen, la presencia de Dios.

¡¡ Feliz día del Cuerpo de Cristo!!

 José Rodríguez Díaz

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