sábado, 7 de noviembre de 2026

LA PALABRA DEL DOMINGO. DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO . CICLO A.

AL SERVICIO DE MI SEÑOR.

   En el texto del evangelio de este domingo ( Mt. 25, 1-13 ) Jesús le habla a los discípulos con una parábola en la que les invita a saber permanecer en fidelidad y despiertos en el servicio al Señor. Nos advierte de que no es lícito intentar andar jugando con la responsabilidad que se nos ha dado y que hemos asumido. Es cuestión de fidelidad y no de apariencias, dice y no podemos estar moviéndonos en un sí y en un no porque eso es fingimiento. Es lo que les dice con la parábola de hoy donde advierte a los discípulos. El grupo de las doncellas sabían que el Señor llegaría, salen a esperarlo, pero parte de ellas no se preocupan de llevar consigo el aceite que necesitan y cuando llega la hora de la verdad intentan solventar el tema apelando a la bondad y solicitud de las otras que si han llevado su aceite: “ dadnos de vuestra aceite”, les dicen y la respuesta es un no; la razón, bien clara: porque es que la vamos a necesitar. Asuman ustedes las consecuencias de su falta de seriedad y rigor con la que han tomado esta responsabilidad a la hora de estar donde corresponde y cumplir con las obligaciones y los compromisos contraídos. Y no van darles de su aceite, no porque no quieran, sino porque si les dan, va a resultar que ni unas ni otras porque es que no les va a llegar. Y quedarán todas fuera de la fiesta por culpa de la irresponsabilidad de unas pocas; así que, lo mejor es que vayan ustedes a buscarla.



De esta forma Jesús advierte a los discípulos ante el compromiso que contraen frente al contrapunto de la realidad religiosa que emana del templo y que se está haciendo habitual y normal: hacer trampa en lo que respecta al cumplimiento de la ley y fidelidad a Dios. No podemos andar, les advierte, diciendo que Dios es nuestro Dios y luego querer manejarle a nuestro antojo con nuestros chanchullos y buscando excusas para no cumplir con nuestro deber. Esa no puede ser la actitud sino aquella que el Maestro indica y que tiene que ver con la fidelidad. El Novio, el Señor, va a venir y a el hemos de esperar para rendirle cuentas de lo hecho y de como lo hemos hecho. Esto es algo personal y no podemos andar pensando que me puedo valer de la bondad del otro para presentar mis credenciales o esperando y pensando que a la hora de la verdad, los otros van a dar la cara por mi, y no. Soy yo el que debo rendir cuentas de mi fidelidad, de mi hacer las cosas, de mi fe, de mi responsabilidad, de mi querer estar al servicio de mi señor.

En la segunda lectura Pablo ( Tes. 4,12-17 ) habla a los de Tesalónica de la fidelidad de Dios manifestada en la resurrección de Cristo Jesús muerto y resucitado invitándoles a creer y a vivir desde ahí para no andar afligidos como hombres sin esperanza.

  Y en la primera ( Sab 6,13-17 ) nos encontramos que si buscamos la sabiduría de Dios, la podemos encontrar pues llegándose a nosotros  con poder nos ayudará a tomar nuestras decisiones, dando sentido y razón a nuestra existencia, a nuestros compromisos.

La misión del servidor no consiste a saber mucho de matemáticas, de arte o de economía, sino de estar allí donde se le necesita, a la hora que se le ha dicho, con las herramientas que sabe le hacen falta y que su amo le proporciona y siempre, siempre, buscando servir lo mejor posible a su señor.

¡¡Feliz día del Señor !!

José Rodríguez Díaz


NOTICIAS DE LA PARROQUIA


Como todos sabemos ya, este domingo celebramos el día de la Iglesia Diocesana. Repartiremos los folletos informativos de la gestión de la diócesis y el sobre para la aportación personal. Esa colecta la haremos el próximo domingo.

 Ayer celebrábamos  la memoria de nuestros dos martiries  de la guerra civil y que  aún son beatos : Sor Lorenza Díaz Bolaños hermana de la Caridad de San Vicente de Paul nacida en Guía y Fray Tomas Morales, religioso dominico nacido en el Carrizal. 

Anunciamos ya que la vigilia de Adviento de este año la celebramos en nuestra parroquia y será el día 27 a las siete de la tarde.

Este martes tendremos reunión con los responsable de liturgia  para  ir compartiendo ideas para la vigilia, será a las cinco de la tarde.

Los padres de los niños que empiezan la catequesis pronto serán avisado para llevar acabo  el primer encuentro.

El archivo de la parroquia  atiende de martes a viernes de 4,30 a 6 de la tarde. 

Todos los dias a las 6,30 de la tarde  rezamos el Santo Rosario.

Si desea celebrar el sacramento de la penitencia  atendemos  el confesionario  todos los días a partir de las 6,30.  Avisar en sacristía si no está el sacerdote.


Carta de Mons. Mazuelos con motivo del día de la Iglesia diocesana


 


Este domingo, 8 de noviembre, celebramos el Día de la Iglesia Diocesana. Compartimos la carta de Mons. José Mazuelos, que invita a vivir la fe en comunión y a sostener entre todos la misión de la Iglesia en Canarias.

Celebrar el Día de la Iglesia Diocesana es, ante todo, una ocasión para dar gracias a Dios por nuestra diócesis de Canarias, con sus luces y sus dificultades, con la entrega generosa de tantos y también con los desafíos que tenemos por delante. Una Iglesia viva, una Iglesia que camina, una Iglesia que, a pesar de sus pobrezas, sigue queriendo anunciar a Jesucristo y ser presencia de su amor en medio de nuestra sociedad. Este año, además, celebramos este día con una gracia muy especial: la reciente visita del papa León XIV a nuestra diócesis.

Todavía guardamos en el corazón aquellos días en los que el sucesor de Pedro estuvo entre nosotros. Fue, sobre todo, una visita que nos confirmó en la fe y nos ayudó a mirar nuestra realidad con ojos nuevos.

El papa León XIV nos invitó a alzar la mirada para descubrir que, por encima de nuestras dificultades, de nuestros cansancios y de nuestras preocupaciones, el Señor sigue actuando en nuestra historia. No somos una Iglesia encerrada en sí misma. Somos una Iglesia llamada a salir, a encontrarse, a escuchar y a acompañar.

Pero el papa nos recordó también que no podremos sostener esta misión si no volvemos continuamente a su fuente: Jesucristo. En el encuentro con nuestros sacerdotes y agentes de pastoral, León XIV insistió en la necesidad de una profunda espiritualidad eucarística. La eucaristía nos reúne, nos transforma y nos envía. En ella aprendemos que no podemos separar el amor a Dios del amor a los hermanos.

Este Día de la Iglesia Diocesana quiero, por ello, hacer una llamada especial a la comunión. Necesitamos caminar juntos. Sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, familias, jóvenes, mayores, catequistas, movimientos, asociaciones, cofradías y comunidades parroquiales tenemos dones diferentes, pero una misma misión.

La evangelización no puede ser tarea exclusiva de los sacerdotes. Canarias necesita cristianos que vivan su fe con naturalidad, valentía y esperanza, cristianos capaces de mostrar que el Evangelio sigue teniendo una palabra para el hombre y la mujer de nuestro tiempo.

El Día de la Iglesia Diocesana nos recuerda que esta misión necesita nuestra colaboración concreta. La Iglesia se sostiene gracias a la generosidad de sus fieles. Cada aportación, grande o pequeña, permite mantener abiertas nuestras parroquias, acompañar a las personas más necesitadas, sostener nuestra acción evangelizadora, formar a sacerdotes y agentes de pastoral y continuar tantas obras de caridad que realizan nuestras comunidades. Dar a la Iglesia es también una manera de participar en su misión.

Pido al Señor que aquella visita apostólica no sea solamente una página hermosa de la historia reciente de nuestra diócesis, sino el comienzo de un renovado impulso evangelizador. Que Arguineguín nos enseñe a mirar al hermano que llega; que la catedral de Santa Ana nos recuerde la comunión que estamos llamados a vivir; que la eucaristía nos devuelva siempre a Cristo; y que la palabra del papa nos ayude a salir de nuestros pequeños horizontes para mirar con esperanza el futuro que Dios pone delante de nosotros.

Dios cuenta contigo para construir una Iglesia en Canarias arraigada en Cristo, cercana a los pobres y enviada a anunciar el Evangelio con esperanza.

Con todo afecto, os bendigo.

† José Mazuelos Pérez
Obispo de Canarias

Mons. Cristóbal Déniz: «Las tareas en las parroquias, en el nombre de Cristo, nos hacen felices»


 Dedicar tiempo a los demás supone un esfuerzo, pero también puede convertirse en una fuente de alegría. Mons. Cristóbal Déniz invita a descubrirlo acercándose a la parroquia y poniendo las propias capacidades al servicio de la comunidad: «Les invito a incorporarse a esta felicidad».

Con motivo del Día de la Iglesia diocesana, que celebramos este domingo 8 de noviembre bajo el lema «Dios cuenta contigo», conversamos en el Obispado con el obispo auxiliar de la diócesis de Canarias sobre la fe, la pertenencia y el compromiso cotidiano.

La entrevista se detiene también en las visitas de acompañamiento a las unidades pastorales y en la respuesta de las comunidades al plan pastoral: «Está generando entusiasmo, está generando compromiso», señala. Un camino que busca favorecer la participación y la responsabilidad compartida, cuidando la acogida y la atención a las personas más necesitadas.

Mons. Déniz aborda además el cuidado de quienes sostienen la vida pastoral y la colaboración económica que permite atender a las comunidades con menos medios.

Cuando el dinero deja de mandar

 La generosidad pierde su sentido cuando humilla a quien recibe o sirve para comprar su gratitud.


07.11.2026 | 08:00

Actualizado:


Hay ayudas que alivian y ayudas que atan. La diferencia no está siempre en la cantidad, sino en lo que esperamos a cambio: reconocimiento, obediencia o influencia. En Lucas 16, 9-15, Jesús invita a examinar nuestra relación con los bienes desde una perspectiva exigente: convertirlos en instrumentos de encuentro sin utilizarlos para ejercer poder sobre los demás. Su advertencia sitúa toda la reflexión ante un límite claro: «No podéis servir a Dios y al dinero».

Un recurso, no un señor

Preocuparse por llegar a fin de mes no equivale a rendir culto al dinero. Pagar una vivienda, sostener una familia o afrontar un gasto imprevisto son responsabilidades reales. El Evangelio no exige ignorarlas ni presenta la precariedad como una situación deseable.

La advertencia de Jesús señala otro peligro: que los bienes dejen de estar a nuestro servicio y empiecen a reclamar nuestra obediencia. «Ningún siervo puede servir a dos señores», afirma. Esa rivalidad se hace visible cuando el beneficio económico se convierte en la justificación de cualquier conducta.

Una oportunidad puede parecer excelente y, sin embargo, exigir una mentira. Un negocio puede resultar rentable a costa de condiciones injustas. Una aspiración legítima puede crecer hasta consumir el tiempo y la atención que necesitan quienes viven con nosotros. En esos casos, la cuestión no es cuánto vamos a ganar, sino qué estamos aceptando perder.

Tampoco hace falta una gran fortuna para quedar atrapados. La comparación constante y el deseo de aparentar pueden condicionar una vida con recursos modestos. El problema comienza cuando necesitamos poseer más para sentir que valemos más.

Por eso, la libertad no se mide únicamente por lo que tenemos. Se reconoce también en aquello a lo que somos capaces de renunciar para no traicionar nuestra conciencia.

Compartir sin imponer deudas

Jesús habla de hacerse amigos mediante las «riquezas injustas», una expresión que puede desconcertar. El mismo pasaje exige fidelidad en el uso de los bienes y termina rechazando que el dinero ocupe el lugar de Dios. No permite, por tanto, justificar cualquier modo de enriquecerse con el argumento de que después se hará algo bueno.

La invitación orienta los recursos hacia las relaciones. Lo que podría encerrarnos en el interés propio puede convertirse en alimento, cuidado, hospitalidad o una oportunidad para alguien que la necesita.

Pero compartir requiere algo más que desprenderse de una cantidad. También exige revisar la posición desde la que ayudamos. Un favor acompañado de reproches termina pesando. Una donación que obliga a exhibir la necesidad del otro puede herir. Una ayuda condicionada a la adhesión personal deja de ser gratuita.

Quien recibe no pierde el derecho a discrepar ni queda obligado a ofrecernos una gratitud permanente. La dignidad de una persona no disminuye porque atraviese dificultades.

Hay, además, un orden que no deberíamos invertir: primero la justicia, después aquello que libremente podemos dar. Pagar un salario adecuado o devolver lo que debemos no son gestos benéficos. Son responsabilidades que ninguna donación sustituye.

La generosidad encuentra su medida cuando procura el bien del otro sin convertirlo en una prolongación de nuestros intereses.

Lo pequeño revela mucho

«El que es fiel en lo muy poco, es fiel también en lo mucho», dice Jesús. La frase dirige la atención hacia situaciones que suelen pasar inadvertidas: una factura, un gasto compartido, una devolución equivocada o una cantidad confiada para un fin concreto.

Precisamente porque parecen menores, esas situaciones permiten conocer nuestros criterios. Podemos convencernos de que una irregularidad carece de importancia cuando nos favorece, aunque nos indignaría si la cometiera otra persona a nuestra costa.

La fidelidad comienza por abandonar esa doble medida. No depende de que alguien revise las cuentas ni de que exista riesgo de ser descubierto. Consiste en tratar lo ajeno con el mismo cuidado que reclamamos para lo nuestro.

Esto resulta especialmente importante al administrar bienes comunes. El dinero de una asociación, una comunidad o una familia no está disponible para cualquier preferencia personal. Tiene un destino y pertenece a una responsabilidad compartida.

La transparencia protege esa confianza. Explicar una decisión, conservar un justificante o permitir una revisión no demuestra falta de buena voluntad. Evita que otros tengan que conformarse con creer en nuestras intenciones sin poder conocer nuestros actos.

El Evangelio sitúa así la vida espiritual en un terreno concreto. La honradez también se expresa en lo que hacemos con una cantidad pequeña cuando nadie nos observa.

La apariencia no basta

Los fariseos descritos en este pasaje se burlan de Jesús. El evangelista señala su apego al dinero, y Él responde: «Ustedes pretenden pasar por justos delante de los hombres; pero Dios conoce sus corazones».

La escena desplaza la atención desde los bienes hacia las motivaciones. No basta con que una conducta resulte respetable ante los demás. Podemos llamar prudencia a la avaricia, presentar como mérito una ventaja injusta o dar publicidad a una ayuda cuyo principal objetivo es mejorar nuestra imagen.

También puede suceder lo contrario: que un gesto apenas visible encierre una entrega grande. Una aportación modesta puede exigir una renuncia que nadie conoce. Una persona que necesita ayuda puede estar haciendo un esfuerzo enorme para sostener a su familia.

La mirada de Dios no queda deslumbrada por las cifras ni limitada por las apariencias. Esa certeza nos invita a dejar de competir por el reconocimiento y a hablar con sinceridad en la oración.

En lugar de preguntarnos únicamente si los demás aprueban nuestra conducta, podemos examinar qué buscamos con ella. ¿Queremos aliviar una necesidad o sentirnos indispensables? ¿Ahorramos para atender responsabilidades o porque nunca nos parece suficiente? ¿Nos alegra el bien que hacemos cuando nadie sabe que procede de nosotros?

No se trata de sospechar de cada impulso generoso, sino de permitir que nuestras intenciones maduren.

Tener sin pertenecer

Escuchar este Evangelio puede llevar a decisiones diferentes según la situación de cada persona. A veces hará falta compartir más. Otras veces, devolver una cantidad, corregir una práctica laboral, pagar lo pendiente o dejar de utilizar un favor como argumento de autoridad.

También puede ser necesario aprender a recibir. Aceptar ayuda no convierte a nadie en menos digno ni borra su capacidad de aportar algo valioso. Una relación sana permite que las necesidades cambien y que no siempre sean los mismos quienes dan y quienes reciben.

La propuesta de Jesús no obliga a elegir entre responsabilidad económica y fe. Invita a ordenar ambas: trabajar, prever y administrar sin conceder a los bienes el derecho a decidirlo todo.

El dinero recupera su lugar cuando deja de medir el valor de las personas. Entonces podemos reconocer a quien no tiene nada que ofrecernos, rechazar una ganancia que perjudica a otros y compartir sin exigir una recompensa.

No se trata de demostrar que las posesiones nos resultan indiferentes. Se trata de que, cuando entren en conflicto con la verdad, la justicia o el cuidado de alguien, no tengan siempre la última palabra.

El Papa pide en Uruguay medidas contra los suicidios


 En su primer discurso en Montevideo, León XIV ha pedido actuar contra las causas de fondo de la eutanasia y el suicidio. Uruguay es el primer país sudamericano que legaliza la eutanasia, y tiene también el récord de suicidios de la región. Además, el Pontífice ha solicitado medidas de protección de la vida y de la familia para afrontar la crisis demográfica y que la atención sanitaria sea accesible para todos.

El Papa ha comenzado su primer viaje a América Latina en el país más estable de la región. Es también el país más católico, y su carácter laico es uno de los principales elementos de su identidad cultural. Nada más bajar del avión, el Pontífice se ha desplazado junto al presidente Yamandú Orsí al centro de Montevideo para la bienvenida oficial.

El Papa sitúa el trabajo en el corazón de la economía y rechaza la desocupación y la explotación

 

En la audiencia general, León XIV repasa la doctrina de la «Gaudium et spes» sobre la vida económica y política y anuncia su viaje del viernes a Uruguay, Argentina y Perú

El papa León XIV ha puesto el trabajo en el centro de la vida económica durante la audiencia general de este miércoles, 4 de noviembre, en la plaza de San Pedro, donde ha recordado que «no son aceptables la desocupación, la explotación y las condiciones de trabajo que ponen en peligro la salud y la propia vida».

La catequesis, dentro del ciclo dedicado a los documentos del Concilio Vaticano II, se ha centrado en los capítulos III y IV de la segunda parte de la constitución Gaudium et spes, dedicados a la vida económico-social y a la comunidad política. El Pontífice ha partido de la idea de que la dimensión social forma parte «no solo de la naturaleza humana, sino también de nuestra fe en Jesucristo», y de que también en estos campos la fe cristiana «ofrece criterios de discernimiento».

El trabajo, corazón de la economía

León XIV ha recordado que los padres conciliares ya alertaron del peligro que suponen para la paz mundial los desequilibrios de un desarrollo económico que no es equitativo ni respeta la creación, una advertencia que, según ha señalado, «encontró confirmación en la parte final del siglo pasado y que hoy constatamos aún más». Para corregir el rumbo no basta con el desarrollo técnico, ha subrayado citando el documento conciliar, porque «son necesarias muchas reformas en la vida económico-social y un cambio de mentalidad y de costumbres en todos».

La Gaudium et spes presenta así una visión del desarrollo económico que «debe estar siempre al servicio del hombre y bajo el control del hombre», en la que aparece ya el concepto de desarrollo integral que san Pablo VI situaría después en el centro de la encíclica Populorum progressio (1967). En esa línea, el Papa ha considerado «más actuales que nunca» los llamamientos a eliminar las discriminaciones «contra los grupos sociales más débiles y contra los migrantes».

«El corazón de la economía es el trabajo», ha afirmado el Pontífice, que ha descrito cómo a través de él la persona se desarrolla, atiende las necesidades de su familia, expresa su talento, participa en la vida social y construye un mundo mejor colaborando «en la obra creadora de Dios». Por eso el trabajo «nunca puede ser tergiversado en detrimento de las personas, del bien común o de la creación», y el verdadero desafío es «ofrecer a todos oportunidades para poner en práctica sus capacidades». León XIV ha defendido también el derecho y el deber de los trabajadores de participar en las decisiones que afectan a su actividad, incluso de forma asociativa, y de afrontar los conflictos «con diálogo y acciones no violentas».

El Papa ha recordado además que el Concilio retoma el destino universal de los bienes de la tierra, «uno de los principios fundamentales del magisterio social», y lo aplica al campo financiero, de modo que quienes son responsables de las inversiones y de la organización de la vida económica, ya sean particulares, grupos o autoridades públicas, deben procurar que se provea «de lo necesario para una vida decente tanto a los individuos como a toda la comunidad» y establecer «un justo equilibrio entre las necesidades actuales del consumo individual y colectivo y las exigencias de inversión para la generación futura».

La política como camino de paz

Al abordar la comunidad política, León XIV ha destacado entre las señales positivas de la época contemporánea que una conciencia más viva de la dignidad humana ha impulsado en diversas regiones del mundo órdenes político-jurídicos que protejan mejor los derechos de la persona. La comunidad política existe en función del bien común, ha insistido, y la autoridad debe ejercerse según las circunstancias de cada lugar y momento, pero siempre teniendo presente «el bien de toda la familia humana». El Pontífice ha recordado también que, según la constitución conciliar, la comunidad política y la Iglesia «son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno», aunque ambas están «al servicio de la vocación personal y social del hombre», un servicio que será más eficaz «cuanto más sana y mejor sea la cooperación entre ellas».

Comprometerse en la economía y en la política según estos criterios «es un modo de construir la paz», ha dicho el Papa, que ha citado la encíclica Fratelli tutti del papa Francisco para recordar que «la guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal». Frente a ello, ha defendido que «la política que cuida de las heridas de los pueblos y de quienes sufren injusticias ofrece motivos de esperanza para el futuro de la humanidad». León XIV ha animado a los jóvenes a seguir el ejemplo de los hombres y mujeres que «en estos ámbitos dieron buen testimonio» y ha renovado su exhortación a las comunidades cristianas para que «se impulse de nuevo la formación sobre la doctrina social de la Iglesia».