sábado, 29 de agosto de 2026

LA PALABRA DEL DOMINGO. DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO.CICLO A.

 SABER DISCERNIR LA VOLUNTAD DE DIOS.


  La palabra de este fin de semana nos habla de vocación, de fidelidad, de dolor, de esfuerzo y en medio de todo ello y casi en penumbras, de vida nueva aunque esta esté como escondida entre los entresijos del devenir de la historia, mezclada con las preocupaciones y quehaceres de nuestro vivir hasta el extremo de que le damos mas importancia a la muerte como negación de cualquier posibilidad de vida nueva, que a la nueva vida que se nos promete y nos espera y a la que se arriba pasando precisamente por la muerte; nos conmueve el hecho de morir porque lo tenemos a la vista y no nos atrevemos a dar un paso mas allá, porque nos cuesta entender lo de la vida de la que nos habla Jesús: la vida en Dios, la vida de la fidelidad de Dios, esa vida que el mismo Jesús nos alcanzó entregándose para hacérnosla posible, para dárnosla.

Los textos de hoy van por ahí: entrega a la voluntad del Padre, escucha de la palabra, fidelidad en la acción y aceptación del sufrimiento y la desilusión. Hay que estar alerta y saber que existe la posibilidad del cansancio que se genera en el deseo de ser fiel sobre todo cuando se vive el seguimiento como una apuesta y no como gracia y don. Cansancio que se manifiesta y brota en medio de todas las ilusiones y entregas que hayamos hecho y lo hace con preguntas, dudas e interrogantes todas ellas comúnmente nacidas de la sensación de la inutilidad del proyecto que se nos ha encomendado porque aquellos a quienes va destinado no lo aceptan, no cambian, no hacen caso y aunque seguimos experimentado que la llamada está intacta no obstante, nosotros, negamos su valía y con ello la fuerza de la gracia. Nos olvidamos que el proyecto es de Dios y no nuestro. Nos mostramos cansados del mensaje y no nos apetece seguir siendo fieles a la misión y a la llamada y queremos otra cosa que no nos haga ni sufrir ni tener que estar donando nuestra vida a los demás aunque sea en nombre de Dios, porque nos expone a la vista y opinión de los demás.

   No obstante, la llamada, la vocación está, sigue resonando en nuestro interior, rondando en nuestro corazón. Tenemos que aprender a entregarnos y dejarnos bañar por la gracia de Dios que es capaz de refrescar nuestra fatiga, renovarnos e ir recomponiéndonos en nuestra humanidad, en un ir descubriendo hasta donde llega eso de ser hijos del Padre; aprender a ir superando el tedio que la lucha ante el mal y el abandono acarrean junto con la mácula original que aun sigue habitando en nosotros. San Pedro que ya ha pasado por ahí, sabe de ello, lo hemos visto en el evangelio; en su carta primera nos dice ( 1P. 5,8-11) que el demonio, como león rugiente, anda buscando a quien devorar”. Nos ronda porque quiere ocupar el lugar de la gracia y de la presencia de Dios en nuestro corazón y por tanto en la vida y por eso alienta y fomenta el mal es decir la “des – gracia”: El querer estar con Dios, pero sin Dios.

Las tres lecturas nos están llevando por el mismo camino, la experiencia de Jeremías, su dolor y sufrimiento; Pablo en la carta a los de Roma a quienes invita a presentarse ante Dios como ofrenda agradable y poder así descubrir la grandeza del Dios para con nosotros y su voluntad para con nuestra vida y el texto del Evangelio, en donde vemos que Jesús, despues de la revelación del domingo pasado, quiere dejar la figura del Mesías  en el lugar que le corresponde; figura  que acarrea contrariedades  a pesar de  vivir entregado a la voluntad del Padre. Y descubrimos que es eso lo que ofrece y espera de los que quieran seguirle. El ya dijo en una ocasión refiriéndose al Reino de Dios, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere no da fruto.

 Así que, con ese negarse del que Jesús habla, ese cargar con la cruz, esa invitación a ir con el, ese hablarnos de desalojo, de vaciamiento interior, de ponerlo todo en manos del Padre... Esa es la entrega, ahí está la semilla y el germen de vida nueva... Esa es la novedad que acarrea la Buena Noticia.  No hay otro camino que nos pueda llevar a la plenitud de la vida de hijos de Dios mas que el camino que se nos está proponiendo puesto que al vaciar nuestro corazón de nuestras pasiones estamos posibilitando que pueda ser ocupado por el amor de Padre Dios. Ahí la clave.

¡¡ Feliz día del Señor !!

José Rodríguez Díaz

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