sábado, 8 de agosto de 2026

LA PALABRA DEL DOMINGO. DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A.

 EN EL TALLER DEL  ALFARERO

 Los textos de este domingo nos llevan a encontrarnos con la respuesta que Dios da a aquello a quienes el miedo atenaza en la vida por diversas circunstancias y buscan cobijo, consuelo y respuesta en el.

Son tres los momentos que se nos ofrecen a la reflexión. En la primera lectura que es de (1Re.19, 9.11-13 ) Elías busca cobijo y la salvación de Dios en el Monte Sinaí u Horeb. Anda huyendo de los soldado de Jezabel que le ha sentenciado a muerte por haber desbancado a los sacerdotes de los baales en el monte Carmelo. No se lo perdonan y le persiguen. El ha defendido el honor de Dios. Dios no lo abandonará y lo defenderá. Y se le manifiesta y le reconforta y le susurra y le da la fuerza necesaria para seguir adelante con su misión de restaurar la alianza y la fe del pueblo a pesar de sus miedos y su debilidad. Dios le sostiene y le indica cual es el camino.

El segundo momento es de Pablo en la carta a los de Roma ( Rom. 9,1-5 ) donde manifiesta la preocupación con la que vive al ver que sus hermanos de raza habiendo sido elegidos, no acepten a Jesús y se pierdan. Pablo está, nos dice, dispuesto a lo que sea, inclusive hasta perder la relación con el Señor con tal de que los suyos la encuentren y acepten a Jesús como el Señor. No se les puede ni se les debe menospreciar, nos dice, al contrario, hay que tenderles la mano y si es necesario entregarse. Eso es lo que está dispuesto ha hacer y no le importa hacerlo. La meta es que Jesús sea reconocido y aceptado. Este es el Apóstol, el misionero, el que se da sin medida porque ya Dios se le ha dado a el sin medida. El miedo ahora es quedarse sin Dios, el no hacer lo suficiente para que sus hermanos encuentren al dador de la vida. Descubre que quedarse de brazos cruzados y dejar pasar no es solución. Hay que afrontar la realidad sin complejos aunque haya desconcierto y duda y ese no saber como va a quedar todo. Si para alcanzar lo que ha descubierto es necesario entregarlo todo, como sea, el está, con la fuerza de Dios, dispuesto a ello. La dificultad, el miedo, la pereza, el abandono; ya lo ha dicho en el capítulo anterior, no pueden apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús para nuestra salvación y gloria de Dios Padre.

El tercero momento es el miedo de los discípulos en medio del lago, prisioneros en una barquichuela que el viento zarandea; es la  tormenta. Peligra la barca y con ella la vida, ( Mt.14,22-33 ) Jesús sale al paso ayudando a superar la situación, tendiendo la mano, devolviendo la calma e invitando a tener fe.

Son tres momentos en donde descubrimos que la duda y los temores de ese "no saber" se pueden dar y de hecho se dan en nuestra vida y en cualquier momento. Cualquiera de nosotros nos podemos encontrar  en cualquiera de ellos tambien. Podremos ser socorridos? Si, si somos capaces de buscar al Señor, de refugiarnos en el, de buscar su consuelo, de hacernos fuerte en su amor a pesar de la evidencia de nuestra debilidad. Dios es el fuerte, no nosotros. Dios es quien salva, no nosotros. Dios es quien envía y sugiere y lo nuestro es, habitando en el, dejarnos modelar por su mano, por su gracia, por su palabra como la arcilla de la que habla el profeta Jeremías. Este es el taller del alfarero.

El miedo existe, es real, pero tambien lo es la gracia y la donación que Dios hace de si mismo al que le busca con el corazón roto, pero con sinceridad y sabiendo que con su ayuda podrá salir adelante sin tirar la toalla ni romper o malgastar la existencia. No olvidemos que nuestro Dios es el Dios de la vida y no de la muerte.

¡¡Feliz día del Señor !!

José Rodríguez Díaz


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