jueves, 2 de abril de 2026

JUEVES SANTO . 1 DE ABRIL DE 2026

NUESTRA  EUCARISTÍA

   Un año mas nos reunimos para celebrar la Ultima Cena del Señor  y en donde como todos sabemos el se queda con nosotros en la Eucaristía, nos  da el mandamiento principal del Amor  Fraterno e instituye el Sacerdocio. Bien, todo eso nosotros lo escuchamos y todos los años lo celebramos con mucha  devoción y piedad; pero quizá nos falte, se haga necesario, dar un paso más y tratar de entrar en el hondón de lo que ahí hay e intentar descubrir  cual es la intención que late en el corazón de Jesús a la hora de sentarse a la mesa con los suyos y celebrar lo que  manda la tradición. Que quiere ahondar en  ello es evidente cuando habla de novedad ( Nueva Alianza , dice ) dando un  toque renovado de esperanza y en donde  el mandato  del amor adquiere una nueva urgencia:  llevarlo acabo, hacerlo en memoria suya, vivirlo desde donde y como el lo vivió. Ya existía en la ley Judía este mandato pero el le da ese aporte personal que  en el fondo lo cambia todo, ya no es ley para cumplir  la cual si podemos, la evadimos,  sino norma que ha de conformar toda la existencia del que quiera seguirle, de comportamiento no puntual sino  cotidiano; se trata de algo, de una actitud que debe conformar en plenitud la vida del que quiera seguirle acompañando, celebrando y sirviendo al Padre, en los hermanos. Jesús nos deja oficio y encargo: oficio de  ocuparnos del otro en todo momento y  encargo de hacerlo  en su nombre. El oficio del ministerio y el encargo de  hacerlo en su memoria.

Nos preguntarnos  ¿ Qué es lo que Jesús persigue con  todo eso?  ¿ Qué es lo que quiere, espera y nos está proponiendo...? Nos situamos en el entorno de la celebración y lo que la motiva. En este día el pueblo se reúne alrededor de la mesa en una cena para reanudar, celebrar, conmemorar, hacer presente, la liberación de la esclavitud de Egipto por mano de Moisés que fué escogido y enviado por Dios. En esa cena se está celebrando y renovando la alianza  con el Señor en  estos términos: "Yo seré tu Dios y tu serás mi pueblo" . Se esta festejando el haber pasado de ser  un pueblo sin esperanza, sin jefe, sin ilusión a  poder ponerse  en camino, a vivir desde un nuevo horizonte porque  ya tienen quien lo guíe: ese que le ha escuchado en la angustia y ha roto sus cadenas y le conduce a una tierra que mana leche y miel  aunque aún no saben donde ubicarla, pero que tendrán, ( se repite lo de Abrahán )  Se está celebrando la fidelidad del Dios de los Padres que por un momento ellos habían pensado les olvidó.  Se está celebrando la liberación de la Esclavitud de Egipto por la que ellos pasan de no ser pueblo a ser pueblo y de Dios y no del Faraón, de haber sido esclavos a tener un señor que les trata con esmero, mimo, cuidado y que le defiende y le alimenta... y aparece la alianza en términos de cercanía e igualdad: tu y yo: " Yo seré tu Dios, tu serás mi pueblo". Y empieza algo nuevo.

Eso es lo que Jesús reivindica  y celebra con los discípulos  en el Jueves Santo y a eso es a lo que se nos invita hoy. Ese "hagan esto en memoria mía"  que el pronuncia nos ha de llevar a la íntima comunión con el y con sus sentimientos, con  su estilo de vida y su forma de  comportarse con la gente y de  vivir desde el Padre. Esto que llamamos la " Última Cena " se convierte de esta forma en la primera cena de una Nueva  Alianza que aporta la novedad de que se viva desde la norma del corazón y no desde lo escrito en piedra. Es ahí donde está el detalle. El actuar en memoria suya va por la entrega y la conciencia del amor eficaz de Dios en nosotros para beneficio de los  otros y de modo especial los mas necesitados. En y con Jesús lo antiguo se renueva y se catapulta hacia el futuro, a la urgencia de la gran novedad en donde la alianza tiene que ver no solo con la vida de los que conforman el pueblo escogido, sino con todo hombre que habita la tierra .

    Los seguidores de Cristo no podemos vivir en la indiferencia ni en el pasotismo, ni  sirviendo a Dios y al dinero, sino en la misericordia y en la piedad para  con todo el mundo que libera y fortalece y abre nuevos horizontes. Somos llamados vivir en una entrega  confiada y generosa que nos ha de llevar a poner la vida en la manos del Padre para poder resistir los embates del mal y estar atentos a los otros sobre todos si andan necesitados de consuelo, alivio o  ganar de vivir;   Para sostener y ayudar a los que buscan liberarse de cualquier esclavitud. Todo esto tiene que ver con  aquello de : " Hagan esto en memoria mía ". Hemos de vivir sin  remilgos ni recortes, lo mismo que Jesús: en Eucaristía, en nuestra personal Eucaristía.

¡¡FELIZ JUEVE SANTO!!

José rodríguez Díaz. 

 A LA DOLOROSA DE LUJÁN PÉREZ



¿ Cómo aliviar tu soledad, tu pena,
esa que ha partido en dos tu corazón?
¿Cómo endulzar o encontrar una razón
cuando es tu hijo quien sufre tal condena?

Contemplo tu rostro de madre buena
y se adueña de mi alma la desazón
subiéndome hasta los labios la agrazón
de tan honda amargura y tan serena.

Tu apacible rostro, rostro valiente,
invita a la piedad y a la ternura
y no te avergüenza de que la gente

vea tus ojos, antes pura hermosura,
rojos de llorar incesantemente
por tu hijo maltratado. ¡Qué locura !

 LO QUE NOS QUEDAS.

Nos dejas la Eucaristía,
lugar de amor y encuentro,
donde el enamoramiento
de tu corazón y el nuestro
es como manso estío,
que manso de deja notar.
Nos reúnes en la Eucaristía
donde palabra y canto,
junto con gozo y llanto,
se transforman en verdad.
Te das en la Eucaristía,
despojado y humilde, en blanco pan.
Nos haces Eucaristía
donde la vida se entrega ,
el perdón se recupera,
la esperanza es mas certera
y tu presencia es razón
para todo corazón
que te busque de veras.
Nos renuevas en la Eucaristía,
encuentro de amor tan tierno
que como dulce calor en invierno
rescoldas y apuras la emoción.
Nos quedas la Eucaristía.
Donde envuelve tu presencia,
desaparecen las ausencias
las sombras y desconsuelos;
donde con amorosos desvelos.
te entregas mansamente,
lazo que enlaza anhelos
entre la tierra y el cielo,
entre el tener y el saberte.
Nos queda la Eucaristía...
Nos quedas tú cada día.
José Rodríguez Díaz